Prólogo a la Edición Digital



Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría, Crítica y Dialéctica de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices

Índice general    ·    Índice sintético    ·    Índice analítico







Ha de considerarse que no hay cosa más difícil de emprender, ni de resultado más dudoso, ni de más arriesgado manejo, que ser el primero en introducir nuevas disposiciones. Porque el introductor tiene por enemigos a todos los que se benefician de las instituciones viejas, y por tibios defensores a todos aquellos que se benefician de las nuevas, tibieza que procede, en parte, de la incredulidad de los hombres, y quienes no creen de verdad en cosa alguna nueva hasta que la ratifica una experiencia firme. 
Nicolás Maquiavelo (El Príncipe, IV, 1513/1976: 54).


No presumo de haber encontrado la mejor de todas las filosofías, pero sí sé que conozco la verdadera, y si me preguntas que cómo lo sé, te responderé que del mismo modo que tú sabes que los ángulos de un triángulo valen dos rectos. 
Baruch Spinoza a Albert Burgh (Epístola LXXVI, La Haya, 1675).


La literatura es una materia que puede y debe sin duda ser analizada mediante conceptos.
Gustavo Bueno (“Sobre el análisis filosófico del Quijote”, 2007: 150).



Prólogo a la Edición Digital de la Crítica de la Razón Literaria

Presentación




Miguel Carbonell, Safo arrojándose al mar
El título de esta obra no pretende ser una mera perífrasis kantiana. Quien lo interprete retóricamente en esa dirección seguirá caminos errados. El título de esta obra es la designación de un método de interpretación rigurosamente racionalista de los materiales literarios. Es la exposición de una Crítica de la Razón de ser y de estar de una Teoría de la Literatura construida desde los criterios del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento, y destinada a la interpretación científica y crítica de los materiales literarios: autor, obra literaria, lector e intérprete o transductor. Esta perspectiva no es kantiana, pues aunque sea racionalista no es idealista, sino materialista. Y tampoco será marxista —conviene advertirlo lo antes posible para evitar malentendidos—, pues aunque sea materialista y racionalista no es monista ni teológica, sino que se basa en el principio de symploké. Esta perspectiva, indudablemente, es platónica, espinosista, hegeliana y buenista.

Y una cuestión de principio, no apta para talentos sensibles. Esta obra no se ha escrito porque su autor pretenda optar a nada. El autor no tiene ningún objetivo ni ningún interés en el mundo académico, universitario o gremial actualmente institucionalizado en diferentes ámbitos. Si esa fuera su pretensión, en lugar de haber elaborado este libro habría dedicado su tiempo a hacer labores de pasillo y de intriga universitaria, las actividades más y mejor valoradas y recompensadas, hoy y siempre, en la actual universidad española, europea y americana (sobre todo en esta última, tan jactanciosa a la hora de anunciar al mundo lo mucho que en ella se trabaja: una gran patraña). No, este libro no se escribe para dignificar a ninguna Universidad, ni para anunciar en sus páginas iniciales el agradecimiento a una institución pública o privada, estatal o gremial, que haya aportado dinero o subvenciones contributivas a su posible elaboración o publicación. Ninguna institución, ni pública ni privada, ni ningún proyecto de investigación de ningún ministerio estatal, ni de ninguna consejería provincial o nacionalista (según se mire la geografía subestatal de cada territorio), ni ningún grupo económico, ni financiero, ni industrial, ni religioso, ni ideológico, ni políticamente correcto, ha sido solicitado ni requerido por el autor para auxiliar de ningún modo el proceso de elaboración ni de publicación de este libro. El autor no quiere contraer deudas indeseadas. Ni trato alguno con acreedores o explotadores profesionales de mecenazgos. Este libro tiene como objetivo algo muy simple: construir una teoría de la literatura destinada a la interpretación científica y crítica de la literatura, dado que en la actualidad no existe ninguna que el autor considere suficientemente solvente. En lugar de teorías literarias, lo que el lector interesado encuentra es ideología y psicologismo, o simplemente, tropología rupestre y necedades nutridas de miseria. Eso ha sido y es esencialmente la posmodernidad: farsa, nulidad y nesciencia.
                                                                            


§

Esta obra, Crítica de la Razón Literaria, se escribe y publica en una época en la que se ultima la destrucción —sistemática e irreversible— del conocimiento históricamente institucionalizado en las Universidades y en las estructuras institucionales del Estado contemporáneo.

Es muy cierto que el conocimiento históricamente organizado y administrado desde las Universidades fue siempre muy discutible, pero era, hasta hoy al menos, el medio del que disponían los seres humanos para educarse científicamente más allá de su adolescencia. En nuestros días ya no es posible: la Universidad no es en estos momentos una institución científica, sino ideológica, degenerada y corrupta. Por razones que se explican en diferentes capítulos de esta obra[1], la Universidad ha reemplazado la Ciencia por la Ideología, y se ha inhabilitado a sí misma, especialmente en todo lo relacionado con las tradicionales «ciencias humanas», para el ejercicio del conocimiento y la investigación. Ciencia y docencia no tienen ya cabida ni sentido en el modelo actual de Universidades, unos centros cuyo fin de hecho es el entretenimiento y la disimulación del fracaso de una sociedad política que todavía hace posible su existencia —necrótica— como presuntas instituciones educativos o investigadoras.

¿Durante cuánto tiempo podrá sostenerse esta farsa? Lo ignoro. Imagino que mientras se disponga de dinero para subvencionar su puesta en escena. Ahora bien, ¿cómo puede sobrevivir la educación científica en un mundo gobernado por la ideología, incluso en sus instituciones académicas y universitarias? ¿Cómo contribuir al desarrollo efectivo del conocimiento, si las instituciones que deben ampararlo y desarrollarlo, como es el caso de la Universidad, renuncian a él de forma explícita?



§

Esta obra se publica en uno de los momentos más depresivos de la historia académica contemporánea. Lo sabemos. Sabemos también que tendrá más enemigos que lectores.

La interpretación literaria de las últimas décadas refleja ante todo un agotamiento de la posmodernidad. La crítica a la metamorfoseada herencia de la Ilustración no ofrece nada nuevo desde hace lustros. La teoría literaria difundida durante los últimos años se manifiesta como un estertor de la retórica posmoderna que nos sitúa una y otra vez en el mismo callejón sin salida. Las musas de la ira parecen haber conducido la investigación sobre literatura, cultura, problemas intelectuales y políticos, hacia una guerra ideológica contra la imagen de Occidente que a día de hoy es ya completamente improductiva. El problema de los falsos problemas es que exigen soluciones también falsas.

Este libro expone, contra el agotamiento de lo que podría denominarse el discurso de las musas de la ira, cuyo origen más decisivo encontramos en la obra de Rousseau[2], y que constituye una de las dimensiones medulares de la retórica posmoderna contemporánea, expone ―digo― una Teoría de la Literatura basada en el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento.

En este contexto, el Materialismo Filosófico se convierte de forma específica en una Teoría de la Literatura de naturaleza racionalista, científica, crítica y dialéctica, cuyo fin es la interpretación de las Ideas objetivadas formalmente en los materiales literarios (autor, obra, lector y transductor). La Teoría de la Literatura será, en suma, el conocimiento científico de estos materiales literarios. Y su fin es demostrar que la Literatura es inteligible.

Este libro se hace eco de uno de los postulados buenistas, según el cual pensar e interpretar es pensar e interpretar contra alguien. Dime qué piensas, y te diré contra quién lo haces. Se considerará, pues, que la dialéctica está en la base de todo pensamiento crítico y, por lo tanto, racionalista. La dialéctica es más importante que el diálogo, porque desde todos los puntos de vista aquella presupone a este, lo engloba y lo hace progresar. En consecuencia, no se buscará el consenso, sino la crítica.

Hoy por hoy la interpretación literaria se expone con frecuencia como una idealización semántica de sus referentes, aquellos términos a los que apelan las obras de arte, cuando en realidad debe ser una materialización pragmática y crítica de sus ideas, esto es, de las ideas que hacen posible el adecuado progreso de la vida humana. El mundo sigue exigiendo transformaciones, y no solo interpretaciones. Y para transformar la realidad, incluso simplemente para habitarla, es imprescindible conocer los hechos que la sustentan y hacen posible. Negar los hechos supone extraviar toda interpretación ulterior. Nuestro objetivo no es la ideología, sino la política; no es la fe, sino la razón; no son los dioses, sino los seres humanos; no son los salvajes o bárbaros, sino las personas civilizadas; no es la religión, sino la filosofía; no es la opinión, sino la ciencia; no es el dogma, sino la crítica. No hablaremos de emociones, ni de estados de ánimo, ni tampoco de derechos ni utopías. El lector no tiene en sus manos un catecismo, ni un manual pedagógico, ni tampoco un código penal. Este es un libro crítico sobre literatura y sobre teoría y crítica de la literatura. La ciencia no es democrática. No es la mayoría de la ciudadanía elegida quien decide cuántas valencias tiene el benceno, cuántas sílabas métricas constituyen un endecasílabo, o cuántos sostenidos componen la tonalidad de Re Mayor. La ciencia tampoco puede usarse como signo de algo irreal. El pensamiento científico no es soluble en la corrección política y ni en sus imperativos contemporáneos.

La exposición del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura se desarrolla aquí a lo largo de 8 capítulos, que constituyen las áreas esenciales de este sistema de interpretación, al que está dedicado el primer bloque de este libro, la denominada I Parte o Razón Teórica.

1. En primer lugar, se exponen sus Postulados fundamentales, que son el racionalismo, la crítica, la ciencia, la dialéctica y la symploké. Al margen de estos principios, la interpretación literaria suele devaluarse en una retórica acrítica, descriptiva y doxográfica.
2. En segundo lugar, se ofrece una delimitación precisa de la Idea y concepto de Literatura, desde los criterios del espacio antropológico, el espacio ontológico, el espacio gnoseológico y el espacio estético.
3. En tercer lugar, se expone una Genealogía de la Literatura, donde se sintetiza el origen, concepción y génesis de lo que la literatura es, a través de las cuatro estructuras o familias literarias fundamentales: la Literatura primitiva o dogmática, la Literatura crítica o indicativa, la Literatura programática o imperativa y la Literatura sofisticada o reconstructivista.
4. En cuarto lugar, se da cuenta de una  Ontología de la Literatura, fundamentada en una crítica de los cuatro materiales literarios efectivamente existentes: el autor, la obra literaria, el lector (quien interpreta para sí) y el crítico, intérprete o transductor (quien interpreta para los demás). Queda de este modo planteado el cierre categorial de la Teoría de la Literatura.
5. En quinto lugar, se justifica una Gnoseología de la Literatura, es decir, un conocimiento de los materiales literarios basado en criterios que toman como referencia la conjugación entre forma y materia, frente a los tradicionales estudios epistemológicos ―e idealistas―, que se basan acríticamente en la oposición sujeto / objeto. La gnoseología de la literatura examina las posibilidades y condiciones de formalizar la crítica de los materiales literarios justificando de este modo su cierre categorial.
6. En sexto lugar, se define el Concepto de ficción en la literatura, a partir de las nociones de existencia estructural y existencia operatoria, para concluir en que la ficción literaria es fundamentalmente una materia carente de existencia operatoria.
7. En séptimo lugar, se sistematiza una Genología de la Literatura, es decir, una teoría crítica de los géneros literarios, donde se delimita el concepto de “género” en la investigación literaria, a partir de la teoría de las esencias plotinianas frente a la teoría de las esencias porfirianas, que es la tradicionalmente seguida ―por Aristóteles y por Hegel―, sin apenas crítica alguna que cuestione sus fundamentos y aplicaciones.
8. En octavo y último lugar, se examina la Idea, concepto y método de la Literatura Comparada, a partir de la figura gnoseológica de la relación de materiales literarios, como criterio y pauta metodológica fundamental en el ejercicio de esta disciplina. Aquí se dará cuenta, entre otras cuestiones, de la crítica de los metros, prototipos, paradigmas y cánones literarios.

A esta I Parte, o Razón Teórica, siguen las partes II (Razón Crítica) y III (Razón Dialéctica), dedicadas respectivamente a la exposición de las demostraciones Críticas y Dialécticas del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, mediante el desarrollo de investigaciones referidas a obras, autores y materiales de máxima importancia y referencia en la interpretación literaria.

El conjunto de estas contribuciones da lugar a un sistema de pensamiento interpretativo y crítico destinado al examen racionalista de la literatura y sus materiales. El fin del arte es, en suma, la interpretación humana y normativa. Sin pautas de interpretación ― sin criterios― no es posible ejercer la crítica literaria. Se ofrece de este modo una obra declaradamente crítica y conscientemente diferente, una obra heterodoxa que tendrá que abrirse camino por sí misma, a través de una sociedad peligrosamente próxima a un “tercer mundo semántico”, y en medio de una época que valora más la ideología que la ciencia, que está más seducida por la fe que por la razón, que prefiere la protesta escenificada a la crítica efectiva, que vive sin oasis en el espejismo del oasis, y que sobrevive entregada con frecuencia ―sin querer asumirlo― al cultivo del autoengaño y de la autocensura.

Vivimos en una sociedad que se esfuerza extraordinariamente en reprimir la más importante de las cualidades humanas: la razón. Nuestra época permite superar los mitos freudianos. Si antaño la razón se malinterpretaba como instrumento o sujeto de represión, hoy sin duda es el principal objeto de represión. La nostalgia de la barbarie, junto con la reconstrucción de formas primitivas y neomíticas de vida, es hoy día la más potente fuente represora del racionalismo humano. Rousseau, Nietzsche y Freud han sufrido una amarga eversión, que la mayor parte de sus apologetas siguen ignorando.

Este libro diseña una línea de pensamiento crítico y literario contraria a los enemigos del racionalismo, en relación dialéctica contra las musas de su ira.



§

Ha de insistirse en que la mayor parte de las teorías literarias desarrolladas en las últimas décadas no se ha enfrentado nunca directamente con la totalidad de los materiales literarios. A veces no se ha enfrentado ni siquiera a materiales literarios. Y en muchos casos no solo no se han enfrentado entre sí, como sistemas de interpretación literaria, sino que simplemente se ignoran de forma mutua y absoluta. Es decir, no ejercen ni la crítica ni la dialéctica. En la mayoría de los casos, son teorías literarias ablativas, que cercenan o amputan partes esenciales de los materiales literarios, o incluso materiales literarios completos, como el autor o el intérprete. En otros casos, se trata abiertamente de teorías literarias que se relacionan entre sí sin relacionarse con la literatura.

De un modo u otro, la actividad académica en España ha sido y es muy endogámica. Este hecho limita y empobrece toda posible investigación. El diálogo con la crítica solo se produce cuando los interlocutores han asegurado previamente su propia endogamia, es decir, cuando se han cerciorado de que ninguna crítica les será planteada. El resultado es una interpretación literaria muy endonímica. De hecho, la mayor parte de las denominadas teorías de la literatura ni siquiera son teorías. Se han gestado en el desconocimiento de la dialéctica e ignoran incluso la esencia misma del contraste y de la crítica.

Pero en el gremio de los “teóricos” de la literatura se habla endonímicamente de teorías literarias, aunque la mayor parte de ellas no resistirían ni una sola crítica gnoseológica. Exonímicamente, es decir, interpretadas desde fuera de ese gremio, la mayor parte de esas supuestas teorías no son sino ideologías y retóricas gregarias que, por diversas circunstancias acríticas, se han implantado en los medios académicos. Muchas de estas corrientes retóricas son de importación. En España, tras la estilística de Dámaso Alonso, no es posible reconocer a nadie que haya construido una Teoría de la Literatura digna de este nombre. Y advierto que no conviene confundir la construcción de una teoría literaria original con la importación española de teorías literarias extranjeras, de manufactura eslava, francesa, alemana o angloamericana. Incluso la propia estilística española de los Alonso hunde sus raíces en el psicologismo de la filología alemana decimonónica.

En realidad, muchas de estas teorías o pseudoteorías literarias, particularmente desarrolladas en el teoreticismo y el formalismo del siglo XX, y derivadas de sus consecuencias más idealistas, han circulado en una suerte de limbo hipertextual cuya relación con los materiales literarios ha sido, las más de las veces, nula. Este tipo de retórica pseudoliteraria, en sus manifestaciones más extremas, acaba por ser una retórica —francamente cursi en muchas ocasiones— de culturas, ideologías o identidades gremiales, cuyos contenidos, cuando resultan legibles, son por completo estériles para la literatura, el lenguaje y el conocimiento humano. A nadie sorprende, y nadie lo critica ni cuestiona, el hecho de que actualmente las corrientes “teórico-literarias”, así como los discursos a través de los cuales se manifiestan y transmiten, exijan la adhesión ideológica de quienes las utilizan, de modo que es necesario ser mujer para ejercer la “teoría literaria” feminista, etc.

Dos hechos determinan a día de hoy el futuro de la interpretación de la Literatura: 1) el idealismo irracionalista dominante en los estudios literarios actuales frente a un racionalismo crítico cada día más alejado de las instituciones académicas (biocenosis literaria), y 2) la disolución científica y la descomposición institucional de los sistemas universitarios (necrosis académica).

Estos hechos constituyen los dos tumores fundamentales de la investigación literaria actual. Ambas tendencias se mantienen de forma muy rentable y muy potente, por razones ideológicas, burocráticas y mercantiles, en nuestro más inmediato mundo contemporáneo y posmoderno.

Las Ciencias han de enfrentarse hoy a las ideologías y a las culturas, si pretenden sobrevivir. A diferencia de lo que ocurría en pasados siglos, cuando las religiones y las creencias fideístas monopolizaban —y cercenaban— la actividad investigadora, hoy son las culturas y las ideologías quienes ejercen ese poder represor e involucionista. Transitamos tiempos en los que el irracionalismo de culturas e ideologías reprime y subvierte el racionalismo de las Ciencias y de la Filosofía. En este contexto, la Literatura solo resultará legible, es decir, solo sobrevivirá como tal, si sus intérpretes son racionales. El triunfo del irracionalismo es el fin de la Literatura y de sus posibilidades y condiciones de interpretación. El triunfo del irracionalismo es, también, el fin del género humano. No es posible sobrevivir de espaldas a la razón.







Notas

[1] Vid. especialmente los capítulos I, 5.1 y III, 5.3, dedicados respectivamente a la constitución de las Ciencias contemporáneas y al estado actual de la Universidad.

[2] Vid. a este respecto la obra de González Cortés, El espejismo de Rousseau. El mito de la posmodernidad (2011), cuya lectura ha inspirado precisamente esta metáfora de genitivo ―las musas de la ira―, tan representativa de las raíces del pensamiento posmoderno, y de la que me serví precisamente en uno de mis libros anteriores sobre el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (Maestro, 2014).





Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Prólogo a la Edición Digital», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria




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