I, 7.0 - Preliminares


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices




Preliminares

Referencia I, 7.0


A veces, cuando veo lo que pasa en el mundo, me pregunto: ¿para qué escribo? Pero hay que trabajar. Trabajar y ayudar al que lo merece. Trabajar aunque a veces piense uno que realiza un esfuerzo inútil. Trabajar como una forma de protesta. Porque el impulso de uno sería gritar todos los días al despertar en un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden: ¡Protesto!
Federico García Lorca, declaración a La Voz, 1935.


Me atrevería a afirmar algo quizá escandaloso, y es la escasa fecundidad que, a efectos, críticos, ha tenido algo tan permanentemente traído y llevado por los siglos como son los géneros literarios. La suma de especulaciones sobre este problema y la innegable agudeza y profundidad de muchas de ellas apenas han tenido efectos operativos, si se descuentan sus aplicaciones en el período clásico y neoclásico, que dieron como resultado el desprestigio de la noción misma de «género» […]. El caso es que, en este terreno, los esfuerzos siguen siendo muchos y los resultados para salirse de la secular tríada Épica – Lírica – Dramática, incluyendo sin mucha novedad la Didáctica como hace H. Seidler, o introduciendo —para romper el sistema tripartito, fruto del «esteticismo burgués»— el ensayo, el folletón, el informe periodístico, la sátira polémica, etc., conforme al intento de J. G. Bockh; o, por la fuerza de los tiempos, el filme, según la propuesta de S. K. Langer. Una red más tupida de géneros no va a facilitarnos la empresa de aprehender con mayor facilidad la obra concreta, que siempre hallará un agujero por donde escurrírsenos. No parece que deban producirse por ahí los intentos para proporcionar fecundidad crítica al concepto de «género», porque lo máximo que podremos alcanzar con él es una clasificación aproximada. Y ese parece pobre objetivo para el crítico.
Fernando Lázaro Carreter, «Sobre el género literario» (1976/1986: 14-15).



CC0 1.0
El objetivo de la Teoría de la Literatura es demostrar que la Literatura es inteligible. Y que lo es para todos aquellos lectores que, capaces de asumir críticamente una educación científica —frente a quienes viven limitados por sus creencias psicológicas y sus ideologías gremiales—, pueden convertirse en intérpretes del mundo en el que viven. Porque el lector interpreta para sí, mientras que el intérprete o transductor interpreta para los demás. Y porque la literatura no es un enigma inexplicable ni un discurso insoluble en la razón, aunque la obra de muchos “teóricos de la literatura” sí sea con muy excesiva frecuencia un jeroglífico incomprensible o un artilugio retórico indescifrable. En los últimos tiempos —tiempos posmodernos— la Teoría de la Literatura, es decir, lo que se exhibe y hace pasar como tal, crece en la medida en que la Literatura se desvanece y en la misma medida en que la crítica desaparece. La crítica se finge y se simula, pero no se ejerce. La dialéctica efectiva se sustituye por un relativismo mágico, destinado a salvaguardar la virginidad de los dogmas, que permanecen incombustibles a los ojos, tacto y degustación de todos cuantos se sirven rentablemente de ellos. Se respeta su identidad cultural, mítica, salvaje, primitiva, incívica, retrógrada, estúpida y, sobre todo, nesciente. Sobremanera se fortalecen irracionalmente los dogmas. Se critican apariencias y creencias, con cuidado de dejar intactas las causas de los problemas, cuya solución supondría el fin de la explotación de la miseria, es decir, la destrucción de la gallina de los huevos de oro. No interesa acabar con los prejuicios, sino explotarlos. Interesa afirmar que no hay ideas, y que todo es ideología. Interesa negar la verdad de la Ciencia, y declarar sofísticamente que todo es prejuicio. Interesa confundir la verdad con la mentira, y analfabetizar sistemáticamente, desde las instituciones académicas y universitarias formateadas por la posmodernidad, al mayor número posible de individuos, debidamente gremializados en grupos y subgrupos, que resultan entre sí cada vez más autistas y más insolidarios, y muy ignorantes de lo que pasa en la calle.

Este libro que el lector tiene en sus manos es el volumen VII de la serie titulada Crítica de la razón literaria, destinada a exponer el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura[1]. Voy a ocuparme en esta séptima entrega de los géneros literarios, uno de los capítulos de la teoría y de la crítica literarias que menos han evolucionado en los últimos años. Y no por casualidad, dado que la pobreza metodológica de la posmodernidad, por una parte, y la recurrencia, por otra, en una ontología univocista, según la cual todo es igual a todo, han hecho de los géneros literarios una cuestión irrelevante, cuando no imperceptible o incluso ilegible, no solo como categorización genérica de lo que la literatura es, en sus diferentes especies e individualidades —obras literarias—, sino también como hecho inasequible al conocimiento, desde el momento en que las fronteras de lo literario se han abierto indefinidamente hasta su desvanecimiento, de modo que tan literario es el Quijote o Richard III como un tebeo o una supuesta lista de la compra transcrita en náhuatl. 

Desde el momento en que “todo es literatura” y que “toda literatura es isovalente”, ¿qué sentido tiene establecer discriminaciones críticas en géneros, especies y obras literarias? Ninguno[2]. Pero esta nulidad interpretativa solo puede acomodarse en la esterilidad de un discurso posmoderno, engendrado en la renuncia a todo ejercicio de pensamiento crítico, dialéctico y científico. Es un hecho constatable, e insistiré en ello de forma reiterada, que las teorías posmodernas de la literatura se desarrollan en la medida en que la literatura desaparece. No es el caso del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.

En primer lugar, el lector encontrará en este apartado una exposición sistemática de la idea y concepto de género literario que sostiene el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura[3]. Formularé inicialmente la definición de género literario a la que voy a atenerme a lo largo de toda la investigación, conceptualmente interpretada desde la teoría holótica de las categorías, de acuerdo con la doctrina del todo y sus partes. A continuación, expondré la idea de género literario en el seno del espacio gnoseológico, con objeto de delimitar formal y materialmente la ontología de los géneros literarios desde criterios autológicos (según la perspectiva del autor de obras literarias o del intérprete de los materiales literarios), desde criterios dialógicos (según la perspectiva de determinados gremios, escuelas o movimientos de creación o de interpretación de obras literarias), y desde criterios normativos (según la perspectiva de normas, cánones o sistemas reglamentados de creación o interpretación literarias).

En segundo lugar, mi exposición analizará críticamente dos enfoques desde los que es posible abordar el estudio de los géneros literarios. Me referiré inicialmente a la perspectiva determinada por el método de las “esencias porfirianas”, que consiste en examinar el género literario en función de la especie literaria, esto es, en sistematizar el estudio de los géneros literarios tomando como referencia la diferencia específica. Este procedimiento es el que ha desarrollado tradicionalmente la Teoría de la Literatura. Se basa en la articulación y formulación de clasificaciones, a las que toma como figura gnoseológica de referencia, para dar lugar a arborescencias múltiples y variadas, que acaban por objetivarse en tipologías, taxonomías, desmembramientos y agrupaciones, en numerosos casos acríticas y doxográficas, como tendremos ocasión de comprobar, a través de una exposición histórica y crítica. 

Posteriormente me referiré a la perspectiva determinada por el método de las “esencias plotinianas”, que consiste en examinar el género literario en función del género como categoría suprema, en la cual es posible observar una evolución materializada formalmente en un núcleo, un cuerpo y un curso. Este procedimiento nunca ha sido aplicado a la teoría de los géneros literarios, ni siquiera por los positivistas decimonónicos, por más que el antemencionado término “evolución” invite a pensar en este contexto en nombres como los de Saint-Beuve y Brunetière, u otros positivistas y darwinistas decimonónicos. No será el caso, pues aquí me serviré del modelo de las “esencias plotinianas” para introducir la poética de los géneros literarios que sostiene el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, no para hablar de ellos como categorías biológicas, o de otro tipo a ellas equivalente.

De este modo, en tercer y último lugar, la investigación concluirá con la exposición del concepto y de la idea de lo que es el género literario en función de la materia y la forma literarias, esto es, de lo que se denominará la poética gnoseológica de los géneros literarios, elaborada sobre la symploké de las nociones de constitución, determinación e integración de la Obra literaria, de su Género y de su Especie. El teórico y el crítico de la literatura se encontrarán finalmente con una categorización sistemática y cerrada —que no clausurada— que permite dar cuenta de la totalidad de los géneros y especies de obras literarias efectivamente existentes, a través de una triple perspectiva semiológica, al estar articulada en tres ejes (sintáctico, semántico y pragmático); dinámica, dado que reconoce y registra material y formalmente los cambios y transformaciones en el sistema; y holótica, porque identifica y discrimina críticamente las partes constituyentes (como diferencias específicas) de cada una de las totalidades genéricas (como categorías supremas).






Notas

[1] Los anteriores volúmenes de la serie se han publicado en los últimos años por Editorial Academia del Hispanismo, y son los siguientes: Vol. 1, La Academia contra Babel (2006, trad. inglesa de 2008b); Vol. 2, Idea y concepto de la Literatura desde el Materialismo Filosófico (2007a); Vol. 3, Los materiales literarios. La reconstrucción de la literatura tras la esterilidad de la “teoría literaria” posmoderna (2007b); Vol. 4, Gnoseología de la Literatura. Crítica de las formas y materiales literarios (en preparación); Vol. 5, Idea, concepto y método de la Literatura Comparada (2008); Vol. 6, El concepto de ficción en la literatura (2006a); y Vol. 7, Crítica de los géneros literarios en el Quijote. Idea y concepto de género en la investigación literaria (2009), libro que tiene el lector ante la vista.

[2] De hecho, para una mente posmoderna, la palabra género —estimulada tanto oral como gráficamente por el inglés gender— será, casi en exclusiva, una invitación para pensar en el sexo.

[3] Por si acaso —pues todo puede suceder—, advierto al lector que aún no se haya apercibido de que este libro que tiene en sus manos se refiere al género literario como conjunto de propiedades características de determinados tipos o clases de textos literarios. Es decir, no me refiero al género como término de importación angloamericana e imperialista (gender) para apelar eufemísticamente al sexo de los seres humanos. El caso de la palabra género, tan frecuente en los títulos de casi todos los libros que hoy se publican, so capa de teoría literaria, sobre cualquier cosa, es singularmente simpático. Penetra en español por influencia del inglés, donde casi siempre funciona como un eufemismo puritano para evitar llamar al sexo por su nombre, hecho que, a lo que parece, puede poner nerviosa a más de una persona. De ahí que se use en español para hablar de “violencia de género”, cuando en realidad esta expresión designa un hecho que solo puede llamarse realmente violencia contra la mujer. En principio, género es una categoría que la Filosofía usa para designar un conjunto de elementos que comparten características comunes. Lingüísticamente hablando, el género es, en principio, una categoría de orden gramatical. A nadie se le ocurre hablar, por ejemplo, de la violencia del número, singular o plural, que es también otra categoría gramatical, etc. Del mismo modo que nadie habla habitualmente de la “violencia” de los fonemas, de los sufijos o de la e paragoge. Un caso más simpático aún, y completamente grotesco, relacionado con el género, es el de la impronunciable arroba cibernética, que algunas personas, bien desde la ideología feminista, bien desde el complejo intimidatorio que les causan tales ideologías gremiales, usan con frecuencia para referirse a sus “estimad@s amig@s”, por ejemplo. En tales contextos, la arroba no identifica ningún género gramatical, ni ninguna igualdad de sexos (incluso gráficamente la O masculina y superlativa domina y envuelve a la femenina y más disminuida a): lo único que identifica esa arroba es la ortografía aberrante de quien escribe, pues desde ese momento queda retratado como un ideólogo gregario, el cual, lejos de ignorar las normas, cree desafiarlas imaginariamente, sirviéndose del idiolecto de un gremio autista frente a una realidad inderogable y efectivamente existente: el lenguaje hablado. Haga cada cual lo que quiera, a causa de sus ansiedades ideológicas e intimidatorias, o como consecuencia de sus complejos personales e intimidados, pero sépase que es un hecho objetivo que el morfema “o” designa el género masculino singular, y el morfema “a” el femenino singular. Si @ fuera otro morfema de género, o como tal funcionara, solo se me ocurre suponer que designaría lo hermafrodita singular, referente sin duda extraordinario y único, al que, modestamente, yo no conozco. Todavía. (Y con el que, los dioses mediante, no deseo identificarme, por mucha que sea la estimación con la que cualquier supuesto amigo pretenda retratarme en el encabezado cibernético de sus misivas colectivas y epicenas).




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Preliminares», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 7.0), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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