I, 7.1.3.2 - Los Géneros Literarios en el eje semántico del Espacio Gnoseológico


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Los Géneros Literarios en el eje semántico del Espacio Gnoseológico

Referencia I, 7.1.3.2




CC0 1.0
En el eje semántico del espacio gnoseológico, los géneros literarios se articulan a través de tres postulados, que permiten considerar respectivamente cada totalidad y sus partes como referente físico (M1), como entidad fenomenológica (M2) y como concepto lógico (M3) (los dos primeros afectan a las totalidades como ergon, en perspectiva estática, mientras que el tercero afecta a las totalidades como energeia, en perspectiva dinámica)[1]:

1. Postulado de corporeidad holótica (la totalidad como referente físico, M1): el todo interno se considera en sí mismo (con sus partes).
2. Postulado de multiplicidad holótica (la totalidad como referente fenomenológico, M2): el todo (con sus partes) se considera en relación con su exterioridad, es decir, con las realidades que lo desbordan (sean otras totalidades, sean otras realidades no conformadas holóticamente).
3. Postulado de recursividad holótica (la totalidad como referente lógico, M3): los todos se consideran en su implicación en contextos internos y externos (desarrollándose en unos por la mediación de los otros).


1. Postulado de corporeidad holótica

El primer postulado de la teoría holótica, o postulado de corporeidad holótica, permite identificar una totalidad y sus partes como un referente físico dado en el mundo primogenérico (M1). La idea de totalidad remite siempre a referentes y totalidades corpóreas. Quiere esto decir que se trata de totalidades con las que puede actuar el sujeto operatorio. No se trata de entidades metafísicas o metafóricas, sino ontológicas y gnoseológicas. Hablamos, pues, de realidades sobre las que es posible ejecutar operaciones quirúrgicas, en el sentido primitivo de operaciones genéricas manuales (solo en época helenística —recuerda Bueno— el término “quirúrgico” se adscribió a la medicina). Dentro de la axiomática del Materialismo Filosófico, lo que no sea corpóreo no podrá interpretarse ni como todo ni como parte. De hecho, lo que no es corpóreo no puede interpretarse como operatorio.

Las operaciones solo dan lugar a resultados cuando tales operaciones se ejecutan sobre realidades corpóreas y tangibles (fisicalistas, ontológicas, gnoseológicas). En este sentido, pueden distinguirse dos tipos de operaciones: a) Totatio: operación sintética que consiste en aproximar o componer cuerpos; b) Partitio: operación analítica que consiste en separar, dividir o repartir cuerpos. Las operaciones “llevadas a cabo” con términos incorpóreos solo pueden considerarse como fenómenos y apariencias propias de un mundo idealista y metafísico.

El postulado de corporeidad holótica permite establecer criterios operatorios —no metafísicos, ni meramente intencionales, sino efectivos—, relativos al concepto de distinción entre partes extra partes. Este concepto exige discriminar las nociones de disociabilidad y separabilidad. Son disociables dos o más términos cuyas partes materiales y formales pueden disociarse para ser examinadas gnoseológicamente, aunque no puedan separarse ontológicamente, como por ejemplo, las partes formales de un triángulo (vértices, ángulos, lados). Son separables dos o más términos cuyas partes (materiales y formales) pueden aislarse e incomunicarse entre sí, sin que por ello los términos resulten alterados ontológicamente (cuatro triángulos que forman un cuadrado). 

Los dedos de una mano son disociables de la mano, pero no separables de ella; los días de la semana son disociables de la semana, pero no separables de ella; el narrador es disociable de la novela o cuento, pero no separable de ellos, ni de la forma de contar la historia; el verso es disociable de la poesía, pero no separable de ella. Los términos de una totalidad atributiva son disociables —pero no separables— de la totalidad atributiva dentro de la cual operan. Los términos de una totalidad distributiva son extensionalmente separables de ella.

Por otro lado, desde un punto de vista corporal, que es el que aquí se toma como referencia, el todo y las partes han de considerarse limitados en su magnitud. No son ni infinitamente grandes ni infinitamente pequeños. Una parte infinitamente pequeña deja de ser parte (es solo un límite que tiende a cero). Adviértase que la aplicación de la idea de todo al Ser (al modo eleático) representa una aproximación hacia el monismo metafísico. Por esta razón la Teología no aplica a Dios la idea de totalidad, desde el momento en que tal atribución supondría postular un pan-teísmo[2].



2. Postulado de multiplicidad holótica

El segundo postulado de la teoría holótica, o postulado de multiplicidad holótica, permite identificar una totalidad y sus partes como un referente fenomenológico dado en el mundo segundogenérico, o mundo de las materialidades fenoménicas (M2). Se advierte en este punto que no hay una totalidad, sino múltiples totalidades. Toda totalidad se da en un campo referencial fenoménico, dentro del cual coexiste con la multiplicidad factual de otras totalidades. Las totalidades fenoménicas son múltiples y lo son en número indefinido (pero no ilimitado). La dialéctica nos advierte que cuando se postula algo, se está negando, o se está saliendo al paso de, otra u otras proposiciones alternativas. Todo pensamiento contiene la expresión negativa de una proposición. El postulado de multiplicidad holótica niega abiertamente el monismo metafísico y el holismo armónico (holismo monista). Este último es la versión del monismo de la sustancia, que identifica el todo único con el todo universal (el universo o mundo como un todo). Es la concepción holótica del monismo (el todo como lo único). El postulado de multiplicidad holótica es, en consecuencia, la aplicación práctica del principio platónico de symploké (Sofista, 251e-253e).

En este contexto, hemos de regresar a algunas de las discriminaciones anteriormente consideradas, relativas a las totalidades y a las partes.

Así, siguiendo a Bueno (1992: II), hay que distinguir entre totalidades absolutas y totalidades efectivas. Unas y otras se diferencian por su estatuto ontológico. Las totalidades absolutas se sitúan en el ámbito de los “todos utópicos”, es decir, al margen del mundo real y efectivamente existente. Se correspondería con lo que los escolásticos denominaban “entes de razón”. Y se oponen, ontológicamente, a las totalidades efectivas, que se sitúan en el mundo real y efectivo, en un mundo corpóreo y operatorio, no imaginario ni metafísico. Se correspondería con lo que los escolásticos denominaban “entes reales”.

A su vez, la idea de todo absoluto se define por su oposición a la nada, pero no por su oposición a las partes, o a otras totalidades o entidades (incluso amorfas). Los todos absolutos pueden ser de dos tipos: limitados o ilimitados (Bueno, 1992: II).

a) Todos absolutos ilimitados: es un todo en el que se han disuelto, o soltado, todas las relaciones con contextos externos. Se trataría de todo absoluto externo o ajeno a todo. Es la omnitudo rerum como universo (todo atributivo omniabarcador, complexum omnium substantiarum). No tiene límites, excepto la nada. Es decir, que no tiene límites externos. El todo absoluto ilimitado es una idea que acompaña, más que a la metafísica ontoteológica, a la metafísica pan-teísta. Es el espacio absoluto vacío newtoniano. Es el vacuum formarum de Leibniz. Es el espacio en el que Derrida sitúa su idea metafísica de texto (“texto es todo”), o en el que Foucault ubica su concepto de ideología (“todo es ideología”).
b) Todos absolutos limitados: es un todo en el que se han disuelto las relaciones con entidades no holóticas, no solo externas, sino también internas o circunscritas a la propia totalidad. Se trataría de un todo absoluto interno. El todo absoluto limitado es una totalidad dada, obviamente, en un entorno (entorno constituido por otras totalidades, o por realidades amorfas, desde el punto de vista holótico). Este entorno limita al todo absoluto de forma tal que el todo absoluto se constituye como totalidad en la unidad de la integridad de las multiplicidades contenidas en sus límites, sin faltar ninguna (cabría hablar de una totatio in integrum). En suma, un todo absoluto sería el resultado de extraer todo lo que se contiene en un recinto, sin que quedara nada dentro de él (salvo el recinto).

La Nada es una idea que guarda relación inmediata con la idea de totalidad absoluta e ilimitada. La Idea de la Nada es una idea teológica. Es una idea construida desde la idea de Dios. Ha de advertirse, en consecuencia, que ni la “singularidad cósmica inicial”, ni el “vacío cuántico”, están construidos desde, o en función de, la idea de Dios, sino desde, o en función de, la realidad del Mundo Interpretado. La “singularidad cósmica inicial”, y el “vacío cuántico”, por ejemplo, son Ideas que excluyen la Idea de la Nada teológica.

Como he señalado anteriormente, las partes de una totalidad pueden ser formales y materiales, y estas, a su vez, pueden ser determinantes, integrantes o constituyentes, según su implicación en el todo permita codificarlo en términos esenciales o intensionales como género, en términos accidentales o extensionales como especie, y en términos singulares o distintivos como individuo.

1. Partes formales son partes que constituyen la forma del todo. Son un “trozo” de la forma del todo. Su morfología presupone, genética o estructuralmente, la forma de la totalidad en que se integran. Las partes formales son una parte de la forma del todo, una parte integrante y determinante de la estructura formal del todo, es decir, una parte esencial y accidental de la morfología del todo. En consecuencia, pueden percibirse como una parte metamérica del todo (un cristal que resulta de una botella rota o hecha pedazos). En un soneto, son partes formales los dos cuartetos y los dos tercetos. También lo son (en el caso del soneto aurisecular) los versos endecasílabos, que han de ser catorce, si el soneto no lleva estrambote.
2. Partes materiales son partes que no determinan la forma del todo, esto es, partes que no revelan ni contienen en su morfología la forma de la totalidad de la que forman parte. Las partes materiales no son, pues, una parte de la forma del todo. Pueden percibirse como una parte diamérica del todo (las moléculas del cristal con el que está hecho una botella). Pueden ser integrantes, determinantes y constituyentes de la materia de la que está hecho el todo, pero no de la forma del todo. Las partes materiales son esenciales, pero no genéricas. En un soneto, son partes materiales los fonemas, las grafías, los lexemas y monemas, etc.

Sean formales o materiales, las partes de un todo pueden ser también determinantes, integrantes y constituyentes.

1. Partes determinantes o intensionales son aquellas partes que determinan cualitativamente la figura total que constituyen (en el caso de un cuadrado son partes determinantes el cuadrilátero, el paralelogramo y el equilátero). No son partes esencialmente aditivas, como sí lo son las partes integrantes. Las partes determinantes permiten identificar las cualidades intensionales del todo, esto es, el todo como género. En una novela, son partes determinantes o intensionales aquellas partes considerables como esenciales: el narrador, el tiempo, el espacio, los personajes, las funciones o situaciones narrativas, y las formas del lenguaje narrativo (modalidades discursivas: estilo directo libre, referido, indirecto, etc.). Y en la misma novela, serían partes integrantes o extensionales la presencia de discursos teatrales, relatos intercalados, elementos cinematográficos, etc., es decir, todo aquello que no es determinante del género (= la novela), pero que está integrado en su individualidad (= una novela concreta), aunque no forme parte intensional o determinante de la especie (= la novela de aventuras, por ejemplo).
2. Partes integrantes o extensionales son aquellas que integran cuantitativamente la totalidad que constituyen. Son, pues, partes aditivas: se identifican por adición (dos triángulos equiláteros que constituyen un cuadrado, varios personajes que articulan sintácticamente la fábula o discurso de una estructura narrativa…) Son partes que constituyen las cantidades extensionales del todo. Son, en suma, componentes, compuestos o integrantes parciales del todo. En un soneto, son partes integrantes o extensionales los dos cuartetos y los dos tercetos, así como los catorce versos endecasílabos del soneto clásico, etc. El estrambote sería la parte integrante o extensión, por antonomasia, del soneto cualificado distintivamente por el donaire de tal aditamento.
3. Partes constituyentes o distintivas son aquellas partes que distinguen singularmente la totalidad a la que constituyen, facultándola de formas particulares, frente a otras totalidades diferentes o incluso alternativas. Las partes constituyentes o distintivas están caracterizadas por pertenecer a un orden diferente del orden al que pertenece el todo. En la figura de un cuadrado, son partes constituyentes los lados y los vértices, que no pertenecen al orden de las Figuras (especie), pero sí al de las Categorías, de la Geometría (género). La poesía lírica de Quevedo presenta partes formales y materiales que permiten oponerla a la lírica de Garcilaso, Petrarca o Juan de la Cruz, del mismo modo que los entremeses de Cervantes contienen elementos lógico-formales y lógico-materiales muy diferentes, pese a posibles analogías temáticas y fenomenológicas, a los del teatro breve calderoniano.

Finalmente, atendiendo a las relaciones que se establecen entre el todo y las partes, tendremos los siguientes órdenes de relaciones:

a) Relaciones descendentes: las que van del Todo a las Partes.
b) Relaciones ascendentes: las que van de las Partes al Todo.
c) Relaciones diaméricas: las que se establecen entre Partes y Partes (bien de una Totalidad, bien de Totalidades distintas).
d) Relaciones metaméricas: las que se establecen entre Totalidades totalizadas como diferentes, es decir, entre Todos enterizos.


3. Postulado de recursividad holótica

El tercer postulado de la teoría holótica, o postulado de recursividad holótica, permite identificar una totalidad y sus partes como un referente conceptual o lógico dado en el mundo terciogenérico, o mundo de las materialidades lógicas (M3). Entiendo aquí recursividad en el sentido de recurrencia envolvente. 

El postulado de recurrencia o recursividad se refiere al hecho efectivo de las relaciones de isología (semejanza, igualdad, homología…) entre términos holóticos (los todos) y términos merotéticos (las partes), y entre ambos tipos de términos entre sí (los catorce versos endecasílabos del soneto clásico). De este modo, la isología designará la igualdad morfológica entre dos o más términos, y la heterología, las diferencias morfológicas entre ellos (la diversidad de versos y metros propia de una silva). Dos términos serán isológicos cuando sean morfológicamente iguales, semejantes u homólogos. 

Una gaviota es una totalidad diferente, por su morfología, de un árbol o de una roca, pero es isológica a otra gaviota de su misma especie, y, en otro grado, a otra ave de su misma clase, o a otro vertebrado de su mismo tipo, etc… Del mismo modo, un soneto será una totalidad diferente, por su morfología, de una novela o de un entremés, pero será isológico respecto a otro soneto, y en distinto grado, lo será también respecto a una égloga.

El postulado de recursividad holótica, o de recurrencia envolvente, puede actuar como regla que dispone los siguientes principios: dada cualquier totalidad fenoménica (con sus partes) es posible aplicar, de modo isológico, su morfología a otras totalidades fenoménicas, pero no a todas. Se alcanzan de este modo determinadas isologías que pueden envolverse en un modelo recurrente. Se trata, en suma, de disponer de un principio lógico-material (ontológico) y lógico-formal (gnoseológico) para operar con él ante los materiales literarios con el fin de organizarlos genológicamente[3].

De esta manera, el Materialismo Filosófico procede a interpretar hechos de recurrencia universal desde la perspectiva de la teoría holótica, es decir, examina la recurrencia de los todos y de las partes como aproximaciones operatorias (totatio), en el primer caso, y como desmembraciones operatorias (partitio), en el segundo. Dicho de otro modo, se procede a la interpretación de las totalizaciones y de las particiones desde la configuración de recurrencias universales. Totatio y partitio son estadios o momentos en el desarrollo de todos (o términos holóticos) y partes (o términos merotéticos), la totatio como desarrollo por integración o agregación de partes, y la partitio como desarrollo por diferenciación de un todo indiviso en partes que se mantienen en los límites de su unidad. 

Desde este punto de vista, totatio y partitio se desarrollan como operaciones, o familias de operaciones, que estarán sometidas al postulado de recurrencia o recursividad, al ser objeto de operaciones recurrentes o recursivas, mediante la recurrencia de una partición (la división en dos que se reitera sucesivamente) o de una totalización (la agregación de átomos a una molécula, etc.) Uno y otro son procesos que pueden ejercerse materialmente, con estructuras que den lugar a partes o todos efectivos, o formalmente, con materiales virtuales, construyendo en la pantalla de un ordenador figuras que simulan formas cristalinas más allá de los límites que la cristalografía impone a los cristales reales (Bueno, 1992: II).






Notas

[1] Tomo estos postulados de la Teoría del cierre categorial de Bueno (1992: II), para reinterpretarlos en esta obra desde los presupuestos de la Teoría de la Literatura que desarrollo en el marco de la doctrina del Materialismo Filosófico, y, en este contexto específico, en relación con la teoría de los géneros literarios.

[2] En este punto resulta obligada una mención al concepto de sínolon, como españolización del término aristotélico “sinolones” (plural). El sínolon, como Idea que posee un estatuto gnoseológico, puede considerarse como aquel concepto que remite a la “clase de un solo elemento” (o bien al concepto de clase vacía). Un sínolon sería una totalidad cuyas partes mantienen entre sí relaciones de indisociabilidad. Es, en principio, un todo cuyas partes no son disociables, ni mucho menos separables. Es el caso, por ejemplo, del concepto teológico cristiano de la santísima trinidad. El sínolon, o unidad sinolótica, es unidad de multiplicidades, pero no puede considerarse propiamente como una totalidad, puesto que no tiene partes integrantes (aunque sí tenga contenidos, partes constituyentes, o incluso partes determinantes). El sínolon tampoco puede concebirse como un todo vacío o unitario (con una sola parte). El sínolon puede representarse como el límite al que tiende una totalidad en la que la interdependencia de las partes alcanza un grado tal que la distinción entre ellas excluye toda posibilidad de disociación. Aristóteles llamó sínolon a su Idea de sustancia hilemórfica (compuesto de materia [hylee] y de forma [morfée] que, sin embargo, no es un todo), en el que la materia es materia prima o indeterminada (no segunda o determinada), y la forma es sustancial (no accidental). Son sínolones, entre otros entes, el alma respecto a sus facultades (que no serían partes suyas), las mónadas de Leibniz, o las formas eucarísticas (como en general todas las estructuras metafinitas). Con frecuencia se utilizan unidades sinolóticas para estructurar importantes regiones del mundo fenoménico. Sobre este concepto, vid. especialmente Bueno (1992: II, 154 ss).

[3] El isologismo metamérico dará lugar a particiones distributivas, y el isologismo diamérico dará lugar a reiteraciones (repetición de la forma del cuño que se imprime en las monedas de una serie, por ejemplo). Pueden establecerse diferentes escalas, núcleos, patrones, etc., como unidades o figuras de reiteración y recurrencia (nomotéticas, o figuras o formaciones recurrentes o recursivas, e idiotéticas, o figuras y formaciones no recurrentes ni recursivas). Como advierte Bueno, “la escuela de Platón, que fue la primera que atribuyó al mundo una estructuración isológica (las cosas reales se nos dan enclasadas, a través de clases distributivas, diversas entre sí, y agrupadas, a su vez, en clases genéricas de primer orden, de segundo, etc.)” (Bueno, 1992: II, 168).




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Los Géneros Literarios en el eje semántico del Espacio Gnoseológico», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 7.1.3.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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