I, 7.3 - Poética Histórica de los Géneros Literarios


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Poética Histórica de los Géneros Literarios. 

El género literario en función de la Clasificación como figura de los modi sciendi: taxonomías, tipologías, desmembramientos y agrupaciones

Referencia I, 7.3




CC0 1.0
A lo largo de la Historia de la Teoría de la Literatura se han propuesto numerosas formas de conceptualización de los materiales literarios según los “géneros”. Todas estas codificaciones —sin excepción— responden al modelo de las clasificaciones, como una de las figuras de los modi sciendi que da lugar, en su aplicación a las obras y materiales literarios, a alguna de las cuatro configuraciones apuntadas anteriormente: taxonomías, tipologías, desmembramientos y agrupaciones. Según el criterio utilizado por el teórico de turno de los géneros literarios, las clasificaciones irán de la parte al todo (ascendentemente) o del todo a la parte (descendentemente), y reflejarán la tendencia a organizar los materiales literarios —aquellos que su perspectiva sea capaz de asumir— desde el punto de vista de una totalidad atributiva (por agrupamiento o desmembramiento de las partes) o de una totalidad distributiva (por taxonomías y tipologías). 

El resultado más habitual es el de elaborar sucesivos conjuntos de inventarios o el de incurrir en múltiples bases de datos, acríticas e inasimilables, cuya sistematicidad se desvanece en su enfrentamiento mismo con la realidad de los hechos literarios, ya que con frecuencia se trata de esquemas fuertemente teoreticistas que se derraman hasta su disolución en la falacia formalista, tal como la he expuesto y criticado en Los materiales literarios (Maestro, 2007b). A continuación voy a referirme a la poética histórica de los géneros literarios, con objeto de reinterpretarla desde las coordenadas críticas y metodológicas del Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.

A título preliminar, considero de interés hacer notar la gran cantidad de obviedades que, como punto de partida, o como petición de principio, preside la mayor parte de los estudios teóricos sobre géneros literarios. 

La importancia que se profesa, en la consideración de los géneros literarios, a algunas de las conclusiones en que han desembocado la mayor parte de los estudios actuales sobre genología radica en que se trata de evidencias indiscutibles. Pozuelo (1985/1988: 69 ss), en su estudio sobre “Teoría de los géneros y poética normativa”, ha insistido en que el principal problema que debe resolver en nuestros días una teoría de los géneros literarios reside en sus presupuestos metodológicos y su disposición preliminar, con objeto de fijar los criterios para una organización jerárquica de clases de unidades (Stempel, 1971), y limitar de este modo la dispersión metodológica y teórica que, señalada por Ryan desde 1981, parece tener su origen en el desarrollo de las corrientes nominalistas (Rollin, 1981), en el triunfo de los metalenguajes como principios explicativos de los fenómenos literarios, y en el progresivo distanciamiento que se ha producido entre la Poética y la Literatura desde fines del siglo XVIII[1]

Desde este punto de vista, Pozuelo propone que la teoría de los géneros literarios evite la tendencia a la abstracción, y se aproxime a una consideración práctica de los fenómenos literarios, fundamentándose de este modo en su conocimiento empírico. Nada más próximo, en consecuencia, a las exigencias postuladas por el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura. Sin embargo, estas perspectivas se ven defraudadas cuando en lugar de materiales literarios se nos habla, por ejemplo, de “caracteres”, en los que caben, muy acríticamente, elementos que, con muchísimo rigor, conviene discriminar en su naturaleza formal y material, en lugar de calificarlos de “multiplicidades o complejidades”, “historicidades” y “normas”, en los que se acumulan indistinta y confusamente demasiadas cuestiones.

El concepto de género literario únicamente puede explicarse como una invitación a la forma que orienta siempre un carácter: 1) múltiple o complejo en cuanto a los factores implicados (temáticos, formales, pragmáticos, sociales); 2) histórico en cuanto la creación literaria exige la actualización en simultaneidad de todos esos factores y por tanto la descripción poética solo puede ser histórica si quiere dar cuenta de la imbricación de los mismos en los géneros concretos, y 3) normativo en cuanto viene ligado, llámesele norma estética, competencia genérica, institución, horizonte de expectativa, decoro, imitación, viene ligado, digo, al carácter reflectivo de la propia literatura, que acaba siempre hablando de sí misma (Pozuelo, 1985/1988: 80).

No es la forma la que orienta el “carácter” —que aquí, para hablar con propiedad, denominaremos materia—, sino que la forma y la materia están dadas de modo conjugado, de manera tal que una y otra se construyen mutua y simultáneamente. Considerar la que la forma “orienta” la materia es incurrir en una falacia teoreticista o formalista, desde la que se hipostasía o se sustancializa idealmente la forma para después aplicarla especulativamente a la materia. Resulta, de este modo, que si la materia no coincide con la forma, “el mundo está mal hecho”, porque la teoría no puede fallar. Tal es el procedimiento de la epistemología popperiana en su interpretación de las categorías del Mundo. Y tal es el procedimiento de todas las poéticas formalistas y estructuralistas en su análisis de los textos literarios, análisis que con frecuencia se afirma sobre la exclusión del resto de los materiales literarios (autor, lector y transductor).

Un autor como Antonio García Berrio ha insistido igualmente en la conveniencia de situar el estudio de los géneros literarios en el núcleo de la Teoría de la Literatura, sin que semejante disposición metodológica signifique un abandono de su dimensión histórica, ¡como si las categorías teóricas no fueran de por sí categorías históricas! Y así, en una de sus obras, escribe: “El estudio de los géneros literarios debe ser parte central de la Teoría literaria. Sin que ello signifique una abdicación de sus competencias especulativas, creemos que dicho estudio debe enfocarse cada vez más hacia los géneros históricos en el intento por construir una Poética Histórica, que asuma tanto las teorías que se han ido produciendo a través de los tiempos como la historia de las formas literarias” (García Berrio y Huerta Calvo, 1992: 139). 

Pero una “poética histórica” de los géneros literarios no es una “teoría” de los géneros literarios, sino una exposición o incluso una rapsodia doxográfica de teorías, en algunos casos solo posibles y supuestas formalmente en un determinado período ideal de la historia de la poética.

Se ha insistido también en la importancia que la perspectiva antropológica o etnológica adquiere desde criterios posformalistas, al plantear el estudio de los géneros literarios desde el punto de vista de sus orígenes y naturaleza, explorando los valores axiológicos y las primitivas formas de discurso que han podido motivarlos teleológicamente. 

En este sentido, se ha insistido, para acabar elaborando una retórica —que no una poética— de los géneros literarios, en el interés de una descripción exhaustiva de las estructuras expresivas de los textos, que históricamente podrían clasificarse en tres etapas diferentes: 1) el período clásico, de naturaleza formal y expresiva, vinculada a la poética mimética; 2) el período romántico, de orden simbólico y referencial, en cuyos orígenes se sitúan los comienzos de la modernidad y los fundamentos del pensamiento idealista; y 3) un tercer período que podría identificarse con las formas creadoras e interpretativas del siglo XX, que actuarían como síntesis de las dos etapas anteriores (García Berrio y Huerta Calvo, 1992: 92 ss). 

Se incurre de este modo en el idealismo trascendente de la formas simbólicas, siempre dentro de los límites de un teoreticismo bienintencionado, pero en última instancia equívoco e ilusionista, desde el momento en que la “naturaleza formal y expresiva, vinculada a la poética mimética” resulta ser en un mundo posnewtoniano más simbólica que cualquier orden alegórico ideado por la imaginación romántica, y porque un supuesto “tercer período”, identificado con las formas literarias e interpretativas del siglo XX, no es necesariamente síntesis en absoluto de las dos supuestas etapas anteriores, desde el momento en que se toma como referencia un esquema dialéctico ilusorio, en el que la tesis y la antítesis no existen como tales, sino idealmente, porque sus materiales están ya dados como conceptos conjugados en las obras literarias histórica y efectivamente existentes.

En el ilusionismo de la falacia teoreticista han incurrido sistemáticamente todos los teóricos formalistas de la literatura. Baste recordar una vez más las palabras de Wellek y Warren (1949/1985: 315) a propósito de su exposición de una teoría de los géneros literarios: “Aunque el género aparecerá en la historia ejemplificado en las distintas obras, no quedará definido por todos los rasgos de estas distintas obras: hemos de entender el género como concepto “regulativo”, como estructura subyacente, como convención que es real, es decir, efectiva, porque en rigor moldea la composición de obras concretas”. Exactamente lo contrario podría afirmarse con el mismo rigor: “hemos de entender la obra como concepto “regulativo”, como estructura subyacente, como convención que es real, es decir, efectiva, porque en rigor moldea la composición de géneros concretos”. 

El género no es un epifenómeno de la obra literaria, ni esta última es una materialización histórica del género. La obra literaria y el género literario son conceptos conjugados, nociones disociables gnoseológicamente, pero ontológicamente inseparables. Propugnar un estudio de los géneros literarios, como comúnmente se ha hecho desde la poética histórica, donde la obra se identifica con la materia de un género que, a su vez, la formaliza teórica o históricamente, equivale a hipostasiar por separado la materia de la literatura de la forma que haría posible su interpretación, incurriendo en tales casos en una falacia descriptivista (si se privilegia la materia, como en el caso de la poética mimética de Aristóteles), en una falacia teoreticista (si se privilegia la forma, como hicieron las poéticas estructuralistas), o en una falacia adecuacionista (si se privilegian forma y materia por separado, tal como sucedió en el seno de las poéticas de la recepción literaria)[2]. Vamos a verlo.




                                 El prefacio a Cromwell de Víctor Hugo.

                                 Nietzsche y sus tesis irracionales sobre la tragedia griega.







Notas

[1] Es imposible no estar de acuerdo con esta afirmación: “De hecho la poética de géneros viene siendo desde el siglo XVIII impermeable a las evoluciones propias de la creación literaria y esta alarmante realidad contrasta con la sensibilidad mostrada por la denostada poética normativa clasicista que, cuando menos, veía removidos sus cimientos por la aparición de géneros nuevos o de realizaciones revolucionarias [...]. La progresiva separación en las Poéticas entre género teórico o tipo (en la terminología de Todorov, 1972) y géneros históricos (que comenzó, como es sabido en el Renacimiento, pero que alcanza cotas muy altas desde el Romanticismo) ha acabado por generar una serie de consecuencias para la Poética actual” (Pozuelo, 1985/1988: 71). En esa serie de consecuencias para la Poética actual hay un desenlace dominante: la esterilidad. Se han construido poéticas impotentes para dar cuenta de la poética gnoseológica de los géneros literarios. Esto explica que, precisamente en el contexto de la posmodernidad, haya sido posible inventar, con total impunidad e irracionalismo, nuevos “géneros literarios”, que, como he apuntado con anterioridad, ni son géneros ni son literarios, sino simplemente aberraciones genológicas, articuladas a través de figuras retóricas, figuras temáticas o figuras ideológicas (“novela de frontera”, “poesía feminista”, “épica caribeña”, “literaturas transatlánticas”, cómics y tebeos, etc…)

[2] Para una crítica de las falacias descriptivista, teoreticista y adecuacionista, vid. Maestro (2007b).




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Poética Histórica de los Géneros Literarios. El género literario en función de la Clasificación como figura de los modi sciendi: taxonomías, tipologías, desmembramientos y agrupaciones», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 7.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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