I, 7.5.2.2 - La perspectiva lógico-material


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







La perspectiva lógico-material

Referencia I, 7.5.2.2



CC0 1.0
Procede ahora materializar, con ejemplos concretos, la perspectiva lógico-formal que se acaba de exponer.

Tomaré como ejemplo Don Quijote de la Mancha (1605-1615) de Miguel de Cervantes, obra adscrita al género narrativo de la novela, y perteneciente a la especie que denominaré novela de géneros y especies. ¿Por qué denominarla “novela de géneros y especies”? Porque una obra como el Quijote, aun perteneciendo a un género definido y concreto, como la novela, contiene en sí misma géneros y especies múltiples y ajenos. Me explico. El Quijote no es una “novela de caballerías”, ni una “novela de aventuras”, ni una “novela renacentista” o “barroca”. Es mucho más que todo eso junto, y mucho más que la simple adición acumulativa de esos y otros elementos, porque los géneros y especies objetivados en el Quijote se constituyen como partes formales y materiales de su propia ontología literaria, es decir, se incorporan a esta novela cervantina como partes determinantes, integrantes y constituyentes suyas. Lo primero que advierte cualquier teórico o crítico de los géneros literarios es que el Quijote no es soluble, sin más, en una especie tradicionalmente única del género “novela”, porque las rebasa a todas[1]. Y no solo trasciende las diferentes especies de novela, en sus formas, modos y materias, sino que incluso incorpora en sí misma, como novela, géneros literarios extranarrativos, como la poesía y el teatro, incluyendo diferentes especies de poesía y diferentes especies de teatro. Dicho de otro modo: en el Quijote están, junto con sus propias especies, todos los géneros literarios posibles y factibles.

La perspectiva lógico-material de los géneros literarios en el Quijote nos obliga a dotar de contenido literario —esto es, de materiales literarios— el esquema lógico-fomal anteriormente expuesto, y a tomar como referencia explicativa uno o varios de los hechos literarios materialmente objetivados en el Quijote como obra literaria. En consecuencia, se tomará como objeto de interpretación una serie de figuras y materiales literarios en cuyo análisis tratará de objetivarse críticamente la teoría de los géneros literarios presentes en el Quijote.

En primer lugar, me referiré al narrador del Quijote, como una de las partes determinantes o intensionales que resultan esenciales o canónicas en la construcción e interpretación de la novela. (Esencia o canon: narrador).

En segundo lugar, me ocuparé del papel que, como metros o atributos, desempeñan, en relación con los géneros literarios de los que proceden y a los que pueden adscribirse, los personajes deuteragonistas, que interpretaré como partes integrantes o extensionales de la novela, al considerarlos como elementos sintácticos fundamentales, junto con el tiempo, el espacio y las acciones o funciones narrativas, integrados en la estructura del relato. Me limitaré en este apartado a las figuras de Grisóstomo y Marcela. (Metros o atributos: personajes)[2].

En tercer lugar, se analizarán, como partes constituyentes o distintivas del Quijote, sus posibilidades narrativas, líricas, dramáticas y digresivas. Habrá que considerar en este punto, entre las formas de la materia cómica objetivadas en la novela, una figura literaria fundamental en la composición e interpretación del Quijote, como rasgo constituyente y distintivo suyo, respecto al género narrativo y a sus distintas especies, dado el tratamiento singular que adquiere en esta novela: la parodia. (Potencias narrativas, líricas, dramáticas y digresivas: la parodia).

En cuarto lugar, me referiré, a título de paradigmas, los diferentes géneros y especies literarios intensionalizados en el Quijote, como partes determinantes suyas (libros de caballería, novela de aventuras, novela morisca, novela pastoril, género epistolar, novela picaresca, relato autobiográfico…; teatro de títeres, farsa, representaciones alegóricas, auto sacramental…; soneto, ovillejo, etc.) (Los géneros literarios como paradigmas presentes en el Quijote).

A continuación, en quinto lugar, y a título de facultades, se examinarán los diferentes modos en que tales paradigmas, anteriormente señalados, se integran en el Quijote, como partes extensionales suyas, subrayando el sentido que adquieren en esta integración, con frecuencia subversivo, heterodoxo y crítico, respecto a los géneros literarios de los que tales paradigmas proceden. (Los géneros literarios como facultades del Quijote, al adquirir nuevos sentidos en su integración dialéctica en esta novela).

En sexto lugar, me referiré a una de las propiedades más específicas del Quijote, que cabe interpretar como una parte constituyente y distintiva de esta novela frente a cualesquiera otras de su mismo género y su especie: la locura del protagonista, su génesis, desarrollo, evolución y clausura. (Propiedad: la Idea de Locura).

En séptimo lugar, haré referencia, sin afán de exhaustividad, al personaje de don Quijote como prototipo literario determinante de la novela a la que da nombre, y presente en numerosas obras que han tratado de imitar, reproducir o continuar la obra de Cervantes. Este apartado nos abre caminos hacia el anchuroso ámbito de la Literatura Comparada, del que me he ocupado en otro lugar (Maestro, 2008). Con todo, insistiré en una obra que estimo de especial relevancia a la hora de reproducir como prototipo protagonista la figura de don Quijote. Me refiero al Quijote de Avellaneda, obra que considero como la primera interpretación creativa del Quijote de Cervantes, cuyas formas críticas corresponden con los valores ideológicos y teológicos de la Contrarreforma religiosa. (Prototipo: don Quijote en la literatura universal).

En octavo lugar, me referiré a aquellas figuras literarias que, integradas en la novela que nos ocupa, se objetivan formalmente como características específicas suyas frente a otras obras literarias. Pienso en este punto en la importancia que adquiere en el Quijote la figura de la dialéctica, en el triple dominio de lo social (villanos, aristócratas, hidalgos, cautivos, pícaros, galeotes, gitanos, clerecía, judíos, moriscos…), lo religioso (religión numinosa, religión mitológica y religión teológica) y lo político (imperio islámico, imperio católico, estados protestantes, y grupos humanos sin Estado o sociedad política, como judíos, moriscos y ateos). (Características: la Dialéctica en el Quijote).

En noveno y último lugar, se considerarán, a título de accidentes, aquellas formalizaciones que singularizan, como partes distintivas o constituyentes, el Quijote frente a otras obras literarias, sean o no de su mismo género o especie. Cabría referirse en este punto, incluso como una ampliación de la interpretación de sus potencias literarias, a las formas de la materia cómica en el Quijote, subrayando especialmente la concepción de la novela como juego, en la línea abierta por G. Torrente Ballester (1975), y examinando el sentido distintivo que en esta obra adquieren de forma específica las figuras del humor y la ironía, entre otras varias (Accidentes: Ironía y Humor en el Quijote).

El desarrollo crítico-literario de esta exposición teórica que se acaba de exponer tiene lugar en el capítulo 5 ―“Crítica de los Géneros Literarios en el Quijote”―, de la parte II de este libro, titulada Razón Crítica.







Notas

[1] La misma idea ha sido señalada por diferentes autores, entre ellos, Martínez Bonati, quien afirma del Quijote que “se trata, pues, de un género con un único ejemplar, de una obra rigurosamente sui generis” (Martínez Bonati, 1995: 122). Más recientemente la subraya Roubaud, al apuntar la implicación de los géneros caballerescos en el Quijote, y subrayar la complejidad genológica de la novela cervantina: “El Quijote es, ante todo, un libro de y sobre libros. En él, los de caballerías han servido, junto con otros muchos, de material de construcción para que Cervantes levantara un edificio nuevo inventando arquitecturas narrativas que la novelística anterior no había descubierto” (Roubaud, 1998: cxviii). En la misma tesitura se sitúan las observaciones de Martínez Mata (2008: 68): “La diversidad de géneros presentes —desde lo pastoril (la historia de Marcela y Grisóstomo) a la novella italiana (El curioso impertinente) y al relato de aventuras y peripecias (la historia del cautivo)—, además de enriquecer temática y estilísticamente el texto, proporciona en su interrelación con la historia principal una complejidad y novedad a la novela que la distancian con claridad de los libros de caballerías”. Sobre la cuestión del hibridismo genérico, vid. también el trabajo de Ardila (2001). Más recientemente aún, en este mismo año 2009, Anthony Close recuerda que, “de modo implícito, el tratado de Huet plantea un problema: ¿cómo debe designarse el Quijote y en qué género debe clasificarse? Como hemos visto, el término roman en francés, corriente también en Alemania, si bien se refería a obras extensas de ficción en prosa, era asociado primariamente a un tipo de narración idealizadora, sentimental, lleno de aventuras y peripecias: es decir, un tipo de historia más próximo al Persiles que al Quijote. Así, en Francia durante la época neo-clásica, hasta bien entrado el siglo XVIII, los juicios que se emiten sobre la obra maestra cervantina tienden a evitar el empleo del término roman para clasificarla, o si lo emplean, lo hacen de forma matizada. Por ejemplo, en cierto pasaje de su tratado en que Huet elogia la gracia e ingeniosidad de obras como el Quijote, Le berger extravagant, Le roman comique y Le roman bourgeois, dando por supuesto el parentesco entre ellas, las denomina romans comiques ([Huet, 1669] 1971: 99), especie de oxímoron que reconoce su relación subalterna y burlona respecto de un género concebido normalmente como heroico. Más adelante en el tratado, como hemos visto ya, califica el Quijote implícitamente de sátira, como hacen también, explícitamente, el jesuita René Rapin en su influyente tratado Refléxions sur la poétique d’Aristote (1674) así como el poeta y novelista Jean Segrais más o menos por las mismas fechas. Por lo general, esta sería la concepción prevaleciente del libro en toda Europa durante la época neo-clásica y la Ilustración […]. Así, por toda Europa hasta fines del siglo XVIII se observa una situación pirandeliana en que el Quijote andaba de modo confuso en busca de un rótulo genérico que lo identificara, mientras que el rótulo destinado a ser comúnmente aceptado como el definitivo seguía cargado de connotaciones que de 1800 en adelante estarían ya arrinconados por la historia” (Close, 2009: 70-73).

[2] Las observaciones entre paréntesis remiten al cuadro correspondiente en el esquema anterior, en el apartado de la perspectiva lógico-material.




Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La perspectiva lógico-material», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 7.5.2.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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