I, 2.3 - La Literatura como Concepto


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices

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¿Por qué la literatura no es un simulacro de la realidad?




La Literatura como Concepto

Referencia I, 2.3




CC0 1.0
Como se ha dicho, la Teoría de la Literatura es el conocimiento científico de los materiales literarios. Se trata, por lo tanto, de un conocimiento conceptual o categorial, es decir, de un conocimiento científicamente construido. Un Concepto es un término o referente definido de acuerdo con criterios científicos, categoriales o lógicos. Dicho de otro modo, un Concepto es un referente material que resulta categorial o científicamente delimitado, del mismo modo que una Idea es un referente material, pero definido en términos críticos, dialécticos o filosóficos, esto es, trascendentales, en tanto que las Ideas trascienden los campos categoriales o científicos: las Ideas se construyen a partir de la relación crítica y dialéctica —filosófica— entre los conceptos científicos. Por eso la Filosofía es un saber de segundo grado frente al saber de primer grado que constituyen las Ciencias (Bueno, 1995). No es posible hacer Filosofía, ni crítica de las Ideas, de espaldas a los conocimientos de las Ciencias. De este modo, el concepto define siempre, categorial o científicamente, la esencia o núcleo de un referente. Los conceptos emanan siempre de las ciencias categoriales, es decir, de las ciencias o saberes que estudian la realidad material en sus diferentes parcelas, ámbitos o categorías. En suma, los conceptos son referentes científicos o categoriales materialmente fundamentados o acreditados en la realidad efectivamente existente. De hecho, no hay realidades inmateriales. Por el momento, los dioses no existen. No se puede dar por supuesta la esencia de algo mientras los saberes categoriales no logren por sí mismos explicarlo racionalmente. Los conceptos son claros y distintos siempre, como es en Geometría el teorema de Pitágoras, o como es en Métrica la definición de endecasílabo.
Ideas, Conceptos y Categorías son figuras gnoseológicas diferentes que conviene discriminar con claridad.

Una Categoría es, gnoseológicamente, una totalidad atributiva en la que ha sido posible enlazar o concatenar, mediante cierres operatorios, unas clases de elementos con otras, es decir, unas partes con otras, en círculos de radio más o menos amplio, intercomunicados entre sí. Las categorías constituyen la ejecución del principio platónico de la symploké (Sofista 259 c-e). No constituyen círculos o esferas independientes (megáricas), sino círculos tejidos por Términos y Proposiciones vinculados conceptualmente, es decir, científicamente.

Las Ideas, por su parte, atraviesan varias categorías (o todas ellas, en algunos casos), de ahí que ―siguiendo a Bueno (1970, 1972, 1995, 1995a)― se hable de ideas trascendentes, no en el sentido kantiano, sino en el de la lengua española, es decir, ideas que transcienden los contenidos conceptuales de varias categorías. Las ideas no permiten una construcción científica estricta, ya que su estudio corresponde a la filosofía, no a la ciencia. Las ciencias se mantienen en los diferentes recintos categoriales, y constituyen el criterio más adecuado para determinar una lista o tabla de categorías.

Desde un punto de vista gnoseológico, los Conceptos se utilizan en correlación con las Ideas. De este modo, se habla de concepto objetivo (y no de concepto subjetivo, considerado por los escolásticos como resultado del primer acto de la mente), como de toda determinación (delimitada frente a otras) de cualquier contenido (Término, Relación, Operación) dado en un proceso de cierre categorial (Bueno, 1992, 1995, 1995a). En efecto, los conceptos objetivos se mantienen en el ámbito de una categoría, del mismo modo que las ideas se conforman gnoseológicamente sobre conceptos que pertenecen a categorías diferentes. Las ciencias positivas utilizan conceptos objetivos; la filosofía, ideas objetivas. 

Así es como la Teoría de la Literatura, como ciencia de la literatura, construye conceptos objetivos para interpretar los materiales literarios, y la Crítica Literaria, como ejecución interpretativa de esta ciencia, se sirve de los conceptos objetivos elaborados por la teoría literaria (gnoseología) y contenidos en las formas y materiales de la Literatura (ontología). La ciencia es a la Teoría de la Literatura lo que la filosofía es a la Crítica Literaria. Las primeras se ocupan de conceptos; las segundas, de ideas. La Teoría de la Literatura es una Ciencia, pero la Crítica Literaria, al igual que la Filosofía, no es una Ciencia, y no necesita serlo para ejercer sus funciones críticas, como se desprende de las palabras de Bueno (1992). 

Las Ideas objetivas constituyen el campo de la Filosofía. Son determinaciones resultantes de la confluencia de diversos conceptos, y se conforman en el terreno de las categorías (matemáticas, biológicas, poéticas...) y de las tecnologías (políticas, industriales, económicas...), como las ideas de Causa, Materia, Ser Humano, Ciencia, Libertad, Estructura... El análisis de las Ideas es el objetivo positivo de la Filosofía, del mismo modo que el análisis de las Ideas literarias es el objetivo positivo de la Crítica de la Literatura, mientras que el de la Teoría de la Literatura es el de la elaboración de los Conceptos objetivos, a partir de las categorías en las que se encuentran los materiales literarios. El análisis de las Ideas ha de estar orientado, en Filosofía y en Crítica Literaria, a establecer un sistema de relación e interpretación entre tales Ideas, operación que siempre desborda los métodos de las ciencias positivas particulares.

En un nivel conceptual, es decir, considerada como concepto, la Literatura se convierte necesariamente en el objeto de conocimiento de una ciencia categorial (Sociología, Antropología, Etnología, Historia...), que interpretará los materiales literarios —objetos, formas, referentes literarios— como Términos delimitadores de su campo gnoseológico. Se advierte de este modo que existen diferentes conceptos de Literatura, y aún conceptos positivos, que se suponen siempre ligados denotativamente a sus correspondientes fenómenos y manifestaciones, los cuales se delimitan y configuran en un determinado campo categorial o científico, de tipo etnológico, sociológico, histórico o incluso psicológico (Bueno, 1992; Maestro, 2007a).

La consideración de la Literatura como Concepto nos sitúa inequívocamente en el espacio gnoseológico, y nos exige responder a esta cuestión: cómo interpretar conceptualmente, esto es, formalmente, los materiales literarios.

De este modo, podemos formular y confirmar las siguientes premisas.

En primer lugar, gnoseológicamente, la Literatura es el conjunto sistemático de materiales literarios que pueden ser analizados conceptual o categorialmente por la Teoría de la Literatura e interpretados filosóficamente por la Crítica de la Literatura. Toda Literatura exige un intérprete cualificado. Al margen de ese intérprete científicamente educado, la Literatura se convierte en un discurso ilegible, es decir, en lo que Derrida denomina groseramente escritura. Un lector incompetente reducirá el Quijote a escritura, sin ningún tipo de pudor. La ignorancia siempre fue hermana reconocida de la osadía. La Literatura no existe como tal al margen de un espacio gnoseológico que dote al ser humano de la capacidad interpretativa necesaria para analizar en términos científicos y conceptuales el sistema que constituyen los materiales literarios. 

La arquitectura de este espacio gnoseológico no es otra cosa que un sistema científico y educativo, al que los griegos dieron modestamente el nombre de paideía. La Literatura es una “invención” de la crítica literaria, y no existe al margen de un mundo lógico (M3) capaz de interpretarla como tal. La Literatura no existe en la posmodernidad, porque el discurso posmoderno es un mundo meramente psicológico y fenomenológico (M2), cuya retinosis pigmentaria impide ver en la escritura cualquier forma de Literatura. Hablar de “literatura posmoderna” es hablar de un oxímoron.

En segundo lugar, metodológicamente, es decir, como método de interpretación literaria, el Materialismo Filosófico permite desplegar una Teoría de la Literatura basada en los principios generales de una gnoseología materialista, teoría del conocimiento literario organizada en torno a la distinción Materia / Forma, cuyo campo de interpretación está constituido por el conjunto de los términos literarios fundamentales y globales (autor, obra, lector y transductor), operatoriamente relacionados entre sí, como conceptos categoriales, por un intérprete o sujeto gnoseológico, cuyo objeto de interpretación y conocimiento son los materiales de la Literatura, es decir, el conjunto de saberes conceptuales contenidos en las obras literarias y con ellas relacionados, organizados sistemáticamente.

En tercer lugar, críticamente, desde el Materialismo Filosófico la Teoría de la Literatura es el conocimiento científico de los materiales literarios, es decir, el análisis conceptual y categorial de los materiales literarios (autores, obras, lectores, intérpretes, sociedades, períodos históricos...), los cuales delimitan su campo de investigación y constituyen su objeto de conocimiento, a cuya comprensión se accede a través de una metodología científica, de naturaleza crítica y dialéctica (no doxográfica, ni moral, ni ideológica), la cual se fundamenta a su vez sobre una gnoseología y una ontología, en el marco de una filosofía materialista, cuya teoría de la ciencia está formulada y justificada en la Teoría del Cierre Categorial (Bueno, 1992, 1995). 





Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La Literatura como Concepto», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 2.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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