I, 3.5 - Modos evolutivos de la genealogía literaria


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Modos evolutivos de la genealogía literaria

Referencia I, 3.5




La cita con la Literatura sofisticada o reconstructivista constituye el estadio más adecuado de la Genología de la Literatura para explicar la construcción final de las cuatro familias constituyentes del genoma literario, en tanto que holema o totalidad en que se objetiva precisamente su desarrollo o evolución genealógica:


                                      1. Literatura  primitiva o dogmática.
                                      2. Literatura crítica o indicativa.
                                      3. Literatura programática o imperativa.
                                      4. Literatura sofisticada o reconstructivista.


¿Cuáles son los mecanismos que han determinado esta genealogía o sistema evolutivo de lo que podríamos denominar el genoma o núcleo de lo literario? Dos han sido los mecanismos o procedimientos que los materiales literarios han desarrollado formalmente en su evolución genealógica: los coagulantes o consolidantes y los transductores o generadores. Me explico.



1. Procedimientos coagulantes o consolidantes de los materiales literarios (en la Genealogía de las Literaturas primitiva o dogmática y programática o imperativa)

En primer lugar, ha habido materiales literarios que han sido sometidos a rigurosos procesos de codificación, objetivados en preceptivas de carácter dogmático, y que en consecuencia se han conservado y perpetuado en estructuras muy sólidas y rígidas, que al fin y al cabo los han preservado histórica e incluso genealógicamente. Este es un procedimiento coagulante o consolidante de los materiales literarios, que en última instancia podríamos calificar de preservativo y conservador. 

Es el mecanismo que caracteriza sobre todo a la Literatura primitiva o dogmática y a la Literatura programática o imperativa, es decir, a aquellas formas más disciplinadas, normativas y doctrinales de concebir los materiales literarios. Este sistema operativo es el que calificaré de coagulante o consolidante. Se basa en el modelo de las esencias porfirianas —como explicaré a continuación—, al proceder mediante la afirmación del género próximo o dado y la diferencia específica o diferencia subgenérica: novela es el relato de la historia de un antihéroe (Cervantes), poesía es la creación de una realidad formalmente alternativa (Huidobro) o un “arma cargada de futuro” (Celaya), teatro es el arte de narrar un drama (Brecht). 

En el caso de la Literatura, este procedimiento tiende a la fosilización formalista de los materiales literarios, al disponer la creación de secuencias, estructuras o sistemas literarios formalmente cerrados por su propia preceptiva, o bien estéticamente clausurados por principios fideístas, ideológicos o dogmáticos, o incluso por razones políticas, teológicas o estéticas. Criterios imperativos o preceptistas disponen en este caso la preservación o consolidación de la esencia de los materiales literarios, limitando su evolución y clausurando su desarrollo. 

La consecuencia fue, genealógicamente hablando, por un lado, la disolución o desvanecimiento de la Literatura primitiva o dogmática, hoy día imposible de llevar a cabo, porque no se dan las condiciones irracionales y acríticas para ejercerla, y, por otro lado, el inventario de los diferentes tipos de Literatura programática o imperativa, que con frecuencia han dado lugar a obras literarias precintadas sobre sí mismas o a sistemas literarios definidos por su capacidad para clausurar toda posible transformación de sus partes esenciales, como estructuras o preceptivas diseñadas para proscribir e invalidar cualquier desarrollo ajeno a su propio horizonte de expectativas, como el Génesis veterotestamentario o el Apocalipsis de Juan, la literatura de los libros de caballerías del Renacimiento o la comedia nueva de Lope, la tragedia jansenista francesa del XVII, la poesía creacionista de las vanguardias o el teatro épico de Brecht.



1. Procedimientos transductores o generadores de los materiales literarios (en la Genealogía de las Literaturas crítica o indicativa y sofisticada o reconstructivista)

En segundo lugar, hay materiales literarios que se han concebido y desarrollado desde la pugna más explícita o desde la dialéctica mejor simulada posible contra todo intento de preservación preceptiva, programática o dogmática. Numerosos autores, obras, lectores e intérpretes se han resistido o negado a someterse a los procesos de codificación objetivados en preceptivas, poéticas, imperativos teológicos o programas políticos e ideológicos. El resultado ha sido la construcción y difusión de obras y materiales literarios estructuralmente abiertos y generadores, críticos y cada vez más sofisticados, con objeto de sortear censuras y limitaciones, así como de sustraerse a sistemas de racionalismo inquisitivo, prohibitivo o represor. 

Este tipo de Literatura ha desencadenado procedimientos abiertamente cambiantes y transformadores, no solo por la necesidad de “agudizar el ingenio” a la hora de expresarse y sortear la interdicción poética —vigente desde la República de Platón—, sino ante todo por la extraordinaria capacidad de sus autores para construir sistemas literarios de interpretación muy superiores a los preexistentes o vigentes en su tiempo, es decir, para elaborar nuevos sistemas de normas de construcción e interpretación de los materiales literarios, ampliando, renovando y transformando de este modo los “horizontes de expectativas” dados apriorísticamente en el momento en que irrumpen con sus propias ideas y construcciones literarias. 

Estamos aquí ante un modo de proceder caracterizado por la transducción o transformación de las estructuras nucleares y esenciales de los materiales literarios. Todo lo contrario a los procedimientos coagulantes o consolidantes de las preceptivas literarias y de los programas o imperativos políticos, teológicos o ideológicos destinados a determinar, ceñir o incluso clausurar el quehacer estético. El modo operativo de la transducción, o transmisión con transformación (Maestro, 1994), está en la base generadora de la Literatura crítica o indicativa y de la Literatura sofisticada o reconstructivista, es decir, de aquellas formas que disponen la construcción e interpretación de los materiales literarios de modo abierto, crítico y generador, promoviendo estructuras y sistemas de ideas que se relacionan de forma dialéctica, interactiva y reproductiva, con otros sistemas envolventes. La crítica no admite preservación. 

La Literatura crítica e indicativa tampoco. Está llamada a reproducirse, a generarse y regenerarse a través de transformaciones históricas y alteraciones estructurales permanentes, aun conservando el filum genealógico —lo crítico y lo racional— de su rama o linaje familiar. Del mismo modo opera la Literatura sofisticada o reconstructivista, originada en la re-construcción o re-composición —esto es, en la transducción— artificial, sintética, industriosa o tecnológica —en el sentido más genuinamente artístico (téchnee) del término—, siempre transformada y re-elaborada, de materiales literarios procedentes de un mundo irracional, antiguo o imaginario, que resulta racionalmente recuperado para el ejercicio contemporáneo de una crítica social, religiosa o estética, desde formas audaces, lúdicas, originales o inéditas. 

El mecanismo de la transducción en el que se basan la Literatura crítica o indicativa y la Literatura sofisticada o reconstructivista sigue el modelo de las esencias plotinianas —a las que me refiero inmediatamente—, al proceder mediante la transformación del núcleo generador de la esencia, y no por preservación o fijación del género inmediato y de una de sus características específicas. Dicho con un ejemplo: si el teatro solo puede ser, como afirmaba Brecht, la narración de hechos trágicos (o cómicos), el género teatral nunca podrá sobrepasar el imperativo preceptista de prescindir de este rasgo específico, esto es, de lo narrativo como cualidad de una especie que actúa como determinante esencial del género, es decir, que se convierte en el elemento preservador más poderoso de la esencia del teatro como género literario, clausurando su inmutabilidad. 

En el modelo de las esencias porfirianas, la cualidad de la especie (un rasgo específico, como lo narrativo en el teatro épico) se convierte en una estructura que pretende —y que impone— la inmutabilidad del género (el teatro épico), preservándolo como sistema y asegurando la inmunidad de su supervivencia en la Historia, al negar, programáticamente, cualesquiera otras formas posibles de teatro que no cumplan con la observancia del rasgo específico de referencia (en este caso, la narración del hecho dramático). En el contexto de la Literatura, el procedimiento de la transducción tiende a la expansión formalista y regeneración crítica de los materiales literarios, al disponer la creación, generación e interpretación de obras, estructuras y sistemas literarios formalmente abiertos a asumir y disponer transformaciones, merced a su propia naturaleza crítica y dialéctica. 

En términos de genealogía literaria, la consecuencia es la expansión y difusión de los materiales literarios a través de la crítica, mediante la elaboración e interpretación de obras que instituyen nuevos horizontes de expectativas, particularmente en el caso de la Literatura crítica o indicativa (Divina commedia, The Canterbury Tales, Lazarillo de Tormes, Don Quijote de la Mancha, Faust, Woyzeck, Madame Bovary, Crimen y castigo, El hombre sin atributos, La ciudad y los perros…), así como la génesis, en el caso de la Literatura sofisticada o reconstructivista, de obras de arte verbal inconcebibles al margen de la combinación y de la transformación de materiales preexistentes, que resultarán ahora literariamente formalizados desde nuevos criterios y perspectivas (Rabelais, el culteranismo gongorino, Blake, Yeats, Verlaine, Baudelaire, Les Chants de Maldoror, Leopardi, la estética del esperpento valle-inclaniano, la Primera antología poética de Juan Ramón Jiménez, la novela intelectual de Pérez de Ayala, creacionismo, ultraísmo, surrealismo, dadaísmo, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, la narrativa de Kafka, Borges, Cortázar, la obra poética de Luis Alberto de Cuenca…).

Si recapitulamos lo que se ha expuesto, tendríamos que, respecto a las cuatro familias o linajes constituyentes de la Genealogía de la Literatura, se desprenden dos procedimientos o mecanismos que las hacen posibles, según el núcleo de sus componentes esenciales resulte ser un elemento coagulante o consolidante de materiales literarios clausurados o un dispositivo generador o transductor de estructuras cambiantes, dialécticas y críticas. 

En el primer caso, los materiales coagulantes siguen el procedimiento de las esencias porfirianas, preservándose a través de la inmutabilidad de un rasgo específico que asegura la inmunidad de la esencia genérica. 

En el segundo caso, los materiales generadores siguen el modelo de las esencias plotinianas[1], disponiendo la evolución estructural de los elementos genéticos y nucleares del género, que actúa aquí como un auténtico género generador de nuevas ideas y sistemas literarios. En consecuencia, se observa que las cuatro familias genealógicas de la Literatura pueden organizarse en dos grupos, determinados, en primer lugar, por su disposición al desvanecimiento o disolución (Literatura primitiva o dogmática), o a su clausura o preservación preceptiva (Literatura programática o imperativa), y, en segundo lugar, por su operatividad hacia la transducción crítica y dialéctica (Literatura crítica o indicativa), o hacia la recreación y regeneración estética, lúdica o poética, de sus propias formas y materiales (Literatura sofisticada o reconstructivista).




Modelos literarios
Coagulantes o preceptistas

(Esencias porfirianas)


Modelos literarios
Generadores
y críticos

(Esencias plotinianas)


Literatura
primitiva o dogmática

[Taxones clausurados]


Literatura
crítica o indicativa

[Semillas críticas]

Literatura
programática o imperativa

[Tipos y prototipos preceptivos]


Literatura
sofisticada o reconstructivista

[Composiciones artificiales]



Las especies de un género pueden concebirse de forma distributiva o porfiriana, mediante taxonomías (clasificaciones descendentes distributivas) y tipologías (clasificaciones ascendentes distributivas), es decir, como se ha indicado, tomando como referencia la especie (distributivamente considerada en el género); pero también pueden interpretarse de forma atributiva o plotiniana, es decir, identificando un orden genético entre ellas (las especies atributivamente consideradas), lo que equivale a tomar como referencia el género, en tanto que en él y a su través se engendran, generan y regeneran múltiples especies subsiguientes.

Si se aplican estos criterios a la Genealogía de la Literatura se constata, en primer lugar, que la Literatura primitiva o dogmática se desvanece en la Historia —y sobre todo al adentrarse en la Historia—, tras haber dado lugar a una serie de obras que resultan fosilizadas, en el mejor de los sentidos, ante el paso del tiempo, ya que las condiciones críticas y racionales desarrolladas por la Ciencia y la Filosofía no permiten la construcción de nuevas obras literarias donde la magia, el mito, la religión numinosa y las técnicas primitivas se conserven intactas o inmutables, como en el siglo X a.n.E., por ejemplo (nadie escribe hoy día poesía sobre piedra, ni sobre tablillas de cera o plomo).Hablamos, en este contexto, de taxones clausurados.

En segundo lugar, se advierte que la Literatura programática o imperativa resulta objetivada en materiales literarios específicos, es decir, en obras literarias en las que se objetivan, material y formalmente, los rasgos de especies literarias que constituyen en sí mismos tipos y prototipos preceptivos de cómo ha de ser una determinada forma programática de hacer literatura —de “hazer comedias”, dirá Lope de Vega (1609), o de “crear poemas”, según Huidobro en El espejo de agua (1916), o de narrar el teatro (Brecht, 1957)—, la cual se agotará en su propio horizonte de expectativas, es decir, en su propia “familia”, o por decirlo en términos de la teoría (porfiriana) de las clasificaciones, en su propia tipología.

Si se permite el uso de una metáfora biológica o biogenética, diríamos que la Literatura primitiva o dogmática está constituida por individuos (obras) sin descendencia, es decir, por materiales literarios únicos, relacionados entre sí alotéticamente (es lo que relaciona rasgos distintos de entes distintos), como especie que ha brotado al margen del género, y que en un momento dado se ha detenido sin ulterior reproducción, conservándose como un taxón clausurado en sí mismo. 

Si se aplica la misma metáfora biológica a la Literatura programática o imperativa, el resultado se amplía del individuo (la obra literaria) a la familia (el horizonte de expectativas), es decir, que la descendencia se limita no solo a un ámbito genético (como en la Literatura primitiva), sino también estructural (el de la Literatura programática) y genérico (las obras literarias que pertenecen a una misma familia o género: los libros de caballerías, la comedia nueva, la poesía social, el teatro épico…), cuyos límites están programados y clausurados preceptivamente de antemano. 

Por eso de la Literatura programática o imperativa podría hablarse siempre en términos de “planificación familiar”, de preceptiva poética o incluso de política literaria que delimita y ciñe todo desarrollo estructural capaz de contravenir los fundamentos normativamente previstos por el grupo, género o familia literaria de referencia. La Literatura programática no admite ni transformaciones internas, ya que sus presupuestos acríticos y basales no se discuten, ni expansiones externas que supongan una alteración de sus premisas nucleares, por mínima que esta sea. 

La Literatura programática es autotética: remite siempre a lo que tienen en común los elementos de un mismo conjunto, el de su propia preceptiva, que trata de preservarse inmutablemente en el tiempo y en el espacio. Pero el precio de esta inmutabilidad es su disección histórica: su preservación es la esterilidad de la familia, es decir, del género literario, el cual, al no renovarse o transformarse, se anquilosa histórica y geográficamente, esto es, en los límites de su propia política literaria. Ocurre que la Literatura programática se impone (políticamente), pero no se transforma (estéticamente). Porque si interactuara políticamente sería Literatura crítica o indicativa, y si se transformara estéticamente se convertiría en Literatura sofisticada o reconstructivista. En consecuencia, de la Literatura programática o imperativa corresponde hablar en términos de tipos y prototipos preceptivos.

En tercer lugar, se observa que la Literatura crítica o indicativa opera desde la proliferación de obras literarias que, a modo de semillas críticas, fructifican constantemente, interactuando con su entorno e incluso contra él, es decir, que se reproducen de forma generadora y regeneradora a través del ejercicio crítico y dialéctico de la totalidad de los materiales literarios enfrentados con el mundo interpretado (Mi). 

La Literatura crítica procede, diríamos, por desmembración incesante y multiplicación regeneradora de los materiales literarios en su interacción histórica y geográfica con la realidad envolvente. Dispone su desarrollo a través de las formas estructurales de un evolucionismo discontinuo y dialéctico. 

Es una literatura fertilizada por la crítica y enriquecida por inseminación dialéctica de ideas racionales de carácter conflictivo, beligerante, contestatario. Su evolución es plotiniana, no porfiriana, es decir, tiene lugar a través de las propiedades troncales de sus cualidades genéricas (atribución), y no a través de las ramificaciones singulares y aisladas de sus características específicas (distribución). De este modo, avanza potenciando el género generador, no las capacidades insulares de sus posibles especies y subespecies (como sí hace la Literatura sofisticada o reconstructivista). 

La Literatura crítica e indicativa progresa dialécticamente apuntalando un tronco o linaje común en sus múltiples regeneraciones, y preservando evolutivamente dos propiedades fundamentales: la razón y la crítica. En términos “biológicos”, puede afirmarse que el genoma de la Literatura reside en la Literatura crítica o indicativa.

En cuarto lugar, la Literatura sofisticada o reconstructivista procede por agrupamiento, esto es, por composición o recomposición, de materiales literarios relativamente preexistentes —con frecuencia amalgamados con otros procedentes de un mundo imaginario o primitivo, donde la magia, el mito, la religión y la técnica resultaban determinantes—, y a los que confiere y otorga una formalización literaria original, singular e inédita. 

La Literatura sofisticada o reconstructivista da lugar con frecuencia a obras de “orfebrería literaria”, es decir, a materiales literarios de diseño. Se trata convencionalmente de obras que obedecen a una muy cuidada y atenta labor de artesanía verbal, de elaboración estética, de virtuosismo poético, de fabulación extraordinaria. Autores como Mukarovski (1936) hablarían aquí de artefacto literario, o incluso, más modestamente, de “literatura experimental”. 

De un modo u otro, la Literatura sofisticada o reconstructivista engloba en una misma familia o linaje todo este tipo de variantes, ya que procede, de acuerdo con el modelo plotiniano, autotéticamente, esto es, a través de la generación de especies que avanzan conservando los rasgos del género, y transformándolos de forma sintética en obras de arte de diseño único por su extremada y alta calidad. Lo autotético del ser humano sería, por ejemplo, el genoma. Lo autotético de la Literatura sería el genoma literario, es decir, la idea esencial de Literatura que se ha tomado como referencia en esta Genealogía, una construcción humana que se abre camino dialécticamente en el tiempo y en el espacio, que utiliza signos del sistema lingüístico a los que confiere un valor estético, otorga un estatuto de ficción, e inscribe en un proceso comunicativo histórico, pragmático y político. 

En este contexto, la Literatura sofisticada o reconstructivista suele ser expresión que aglutina o sintetiza componentes previos, materiales preexistentes, a los que confiere una forma inédita, la cual, con frecuencia, se detiene sin ulteriores reproducciones —salvo el Kitsch—, y no porque no influyan tales creaciones en nuevos autores y obras, sino porque no hay nuevos autores capaces de escribir a posteriori obras que mejoren o superen las precedentes: una novela como El coloquio de los perros (1613) de Cervantes sintetiza decisivas tradiciones y elementos precedentes, desde la fábula esópica hasta la más inmediata novela picaresca del Siglo de Oro, pero cualquier forma de imitación de esta pieza cervantina ha sido y será una parodia de sí misma (como el Quijote de Avellaneda lo es respecto del genuino), que nadie se atrevería a publicar o a suscribir; el culteranismo de Góngora ha conocido imitadores, pero no poetas que lo hayan aventajado; el esperpento de Valle-Inclán ha inspirado a muchos autores, pero ninguno ha podido superar el modelo de arte primigenio que Valle confecciona a partir de la síntesis crítica y sofisticada de formas literarias, teatrales y pictóricas (Goya) muy anteriores a él; surrealismo, dadaísmo, ultraísmo, creacionismo y cubismo son formas de arte reconstructivista muy sofisticado, y lustrosamente influyentes, tras su éxito en las vanguardias europeas, en la interpretación de la crítica literaria posterior, pero tras su disolución histórica en la segunda posguerra mundial no se han reproducido en ninguna otra parte y momento. Lo mismo cabría decir de muchos otros movimientos estéticos y literarios que, sintetizadores de materiales y tradiciones precedentes, cristalizan en obras de referencia histórica y poética que no deja ninguna descendencia posteriormente, salvo imitaciones siempre devaluadas ante la superioridad irremplazable del original. 

La Literatura sofisticada o reconstructivista es sintética y conjuntiva, aglutina términos y componentes preexistentes en el género, superdotándolos, para hacerlos cristalizar en obras estéticas de diseño único. En términos de metáfora biológica, diríamos que la Literatura sofisticada o reconstructivista es un linaje literario de “hijos únicos” singularmente geniales.


De cualquier modo, resulta curioso observar cómo se comporta la Literatura cuando los saberes racionales y críticos —cuando la Filosofía y la Ciencia— impactan sobre ella. En unos casos, la Literatura se desvanece ante la crítica, como ocurre con la Literatura primitiva o dogmática, que no puede sobrevivir  constructivamente (aunque sí como objeto de interpretación) en un mundo intervenido por la razón y la ciencia, mientras que en otros casos, como acontece con la Literatura crítica o indicativa, esta se regenera y multiplica de forma tan dialéctica como recurrente. Por su parte, la Literatura programática o imperativa fagocita el racionalismo, pero para eclipsar la crítica, y proponer de este modo un programa de construcción e interpretación literarias exento de objeciones y censuras, que con frecuencia sirve de soporte a intereses políticos, ideológicos o teológicos, y acaso en muy menor medida también poéticos o artísticos. 

En el caso de la Literatura sofisticada o reconstructivista, la crítica se ejerce y se preserva, incluso adoptando formas fenomenológicamente propias de un mundo irracional, imaginario, fantástico o incluso maravilloso, en el que la razón sirve, de forma paradójica, al diseño de lo imposible y de lo absurdo. La única genealogía literaria que no se expone a la crítica es la programática o imperativa, como consecuencia de lo cual resultará perecedera, e incluso obsoleta, tan pronto como la sociedad política se vea obligada a asumir un hecho cuya interpretación crítica disuelva o triture la inmunidad de su preceptiva. Desengáñese todo lector: lo que no se enfrenta a la razón, lo que pretende constituirse de espaldas a la razón, no sobrevive a nada, por grande que sea la fuerza con la que trate de imponerse.

Resulta también sumamente revelador que, si se aplican a la Genealogía de la Literatura los modi sciendi señalados por Bueno en su Teoría del Cierre Categorial (1992), la correspondencia que se establece es de absoluta nitidez. Los modi sciendi designan cuadro modalidades de ejecutar los procesos operatorios de las ciencias (definiciones, clasificaciones, demostraciones y modelos). Si se aplican tales procesos operatorios a las cuatro familias genealógicas de la Literatura, se advierte el siguiente resultado.



1. Literatura primitiva o dogmática 

En primer lugar, la Literatura primitiva o dogmática se desarrolla conforme a procedimientos determinantes, es decir, construye Términos a partir de Términos preexistentes (T < T), de tal modo que, a partir de un momento dado de la Historia, detiene su producción literaria y se desvanece, ya que no puede disponer de Términos o materiales literarios nuevos, desde el momento en que el racionalismo crítico y científico no permite su elaboración, lo que supone el agotamiento y disolución de este tipo de literatura, o la exigencia de su transformación en un nuevo linaje o familia. 

Se trata, en suma, de una construcción literaria que no puede prosperar en sí misma, porque las condiciones sociales y políticas, filosóficas y científicas, que la originaron han experimentado cambios tan radicales e irreversibles que su preservación y supervivencia como Literatura son imposibles. La Literatura primitiva o dogmática es el resultado de determinaciones no evolutivas (Poema de Gilgamesh, Viejo Testamento, Corán…), aunque sí pueden ser poderosamente influyentes, como ocurre de hecho con los textos bíblicos y mitológicos de la Antigüedad.



2. Literatura programática o imperativa 

En segundo lugar, la Literatura programática o imperativa procede según mecanismos estructurantes, que sin duda actúan de forma altamente coagulante y consolidante, como se ha explicado. Siguen el sistema operativo de las clasificaciones programáticas, planificadas, preceptivas, que, como procedimientos estructurantes, dan lugar a Términos a partir de Relaciones (T < R). Tiene en común con la Literatura primitiva o dogmática su vocación determinante (constituyen Términos, pero a partir de Relaciones estructurantes, no de otros Términos preexistentes). 

Así procede Bertolt Brecht en la concepción de su teatro épico, o Lope de Vega en el diseño de su comedia nueva, al generar un nuevo tipo de teatro en el que se estructuran, consolidan y amalgaman, de forma sólida y preceptiva, una serie de relaciones —dadas entre materiales literarios— que se establecen y objetivan eficazmente en sus creaciones literarias. La Literatura programática o imperativa es resultado de la elaboración de estructuras clasificatorias muy sistemáticas y concluyentes, bien organizadas y reglamentadas, con frecuencia también clausuradas sobre sí mismas, y que no pretenden ser evolutivas —de hecho casi nunca lo han sido—, sino estéticamente preceptivas, políticamente imperativas y religiosamente dogmáticas.



3. Literatura crítica o indicativa

En tercer lugar, la Literatura crítica o indicativa, se construye mediante procedimientos operativos, de naturaleza solidarizante o contextualizante, que constituyen Relaciones a partir de Términos (R < T). Su objetivo no es la determinación —el Término—, como sucede con las literaturas primitiva y programática, ni tampoco la estructuración preceptista, como es el caso de las literaturas programáticas o imperativas, sino la configuración de un Modelo operativo, que partiendo de términos (T) se construye sobre relaciones (R), en torno al cual se contextualizan y solidarizan complejos sistemas de ideas críticas y dialécticas. Sigue un proceso operatorio, más que estructurante, porque, a diferencia de la Literatura programática o imperativa, se construye a través de operaciones abiertas, dialécticas y críticas, es decir, modélicas, y no clausuradas, capaces de generar y regenerar críticamente nuevas estructuras literarias. 

El resultado es la constitución de obras que funcionan como cánones del arte verbal, al ser fuente y referencia de inspiración de nuevos autores y obras, los cuales, a su vez, generan sucesivas consecuencias en el desarrollo histórico de las formas y materiales literarios. Es el caso de estructuras literarias como la Ilíada y la Odisea, la Divina commedia, Don Quijote de la Mancha o Faust, obras que constituyen modelos estéticos o cánones históricos de lo que la Literatura es. En suma, la Literatura crítica o indicativa desencadena obras literarias de una extraordinaria capacidad de influencia. Es un modelo de arte que cobra importancia y significación por las consecuencias poéticas a las que da lugar históricamente, en función de aquellos sistemas críticos de ideas que resultan formalizados en materiales literarios ulteriores. 

Es una literatura que preserva su raíz genérica en un estado evolutivo constante, merced al ejercicio crítico y dialéctico de los sistemas de ideas que moviliza en sus contenidos textuales. Lejos de desvanecerse en el tiempo, adquiere influencia y repercusión debido a su constante relación dialógica y dialéctica con el entorno humano que la hace posible. Es la forma más intensamente racionalista y crítica de concebir la Literatura. De hecho, es una Literatura que, por su potencial crítico y racional, sobrevive a la Historia.



4. Literatura sofisticada o reconstructivista

Por último, en cuarto lugar, la Literatura sofisticada o reconstructivista se objetiva formalmente a través de procedimientos predicativos, explicativos o descriptivos, es decir, dispone la construcción de nuevas Relaciones a partir de Relaciones ya existentes (R < R), con frecuencia en ámbitos propios de un mundo arcaico o numinoso, antiguo o mitológico, imaginario, extraordinario, fantástico o incluso irracional, pero siempre recuperado de forma crítica y, por supuesto, racionalista. La figura gnoseológica que identifica las formas de la Literatura sofisticada o reconstructivista es la demostración, que consiste en exponer relaciones nuevas a partir de relaciones preexistentes entre términos que proceden de ámbitos empíricos superados por el paso del tiempo. Es una Literatura que se sustrae racionalmente a la razón para ejercer la crítica más sofisticada y astuta, ocultando sus procedimientos o incluso burlándose de lectores e intérpretes de forma muy sutil, siempre fascinante, lúdica en ocasiones y con harta frecuencia también cínica. 

En suma, la Literatura sofisticada o reconstructivista da lugar a obras de arte verbal que elaboran y reelaboran materiales literarios en los que se objetivan estructuras poéticas únicas, segmentos artísticos en cierto modo insulares, que más allá de sí mismos no dejan secuelas o consecuencias, porque, entre otras razones, son irrepetibles como tales obras de arte, y no admiten clonación, reproducción o imitación que no incurra en una degradación de sí misma. Dadaísmo, ultraísmo, futurismo o surrealismo, no han dado lugar a una descendencia que los iguale o supere; nadie imita, tras el siglo XVII, la tragedia jansenista de un Racine, y ni siquiera los admiradores gongorinos del 27 pretendieron rehabilitar el culteranismo en la creación poética contemporánea. 

Mientras que la Literatura programática o imperativa suele ser con frecuencia un callejón sin salida, la Literatura sofisticada o reconstructivista es más bien un escaparate sobresaliente y único. En síntesis, gnoseológicamente hablando, las Literaturas primitiva y programática son determinantes, la Literatura crítica es operatoria, y la Literatura sofisticada es demostrativa.






Nota

[1] “Las sustancias derivan de otro modo: por consecución” (Plotino, Enéadas, VI, 1, 3).





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Modos evolutivos de la genealogía literaria», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 3.5), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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