I, 5.2.3.2 - La Literatura en el eje semántico del Espacio Gnoseológico


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





La Literatura en el eje semántico del Espacio Gnoseológico

Referencia I, 5.2.3.2




(CC BY 2.0) Emi Yañez - Double
El eje semántico del espacio gnoseológico incluye respecto a la Literatura tres sectores fundamentales: Referencial o fisicalista, Fenomenológico o psicológico y Esencial o estructural.



1. Referentes

Como sabemos desde Frege (1892), el lenguaje no solo tiene sentido, tiene también referencia. Siguiendo a Bueno, hablaremos de Referentes o Referenciales para designar los componentes fisicalistas del campo de la literatura: litografías, papiros, manuscritos, libros, sonidos, signos lingüísticos, discos compactos, etc. Diremos, en suma, que toda ciencia requiere referentes fisicalistas explícitos, es decir, una materialidad primogenérica. Como hemos visto, el M1 de la literatura son los libros, el lenguaje, los soportes lingüísticos, orales, gráficos, literarios... La razón del sector fisicalista no se debe tanto a cuestiones ontológicas (“todo lo real es corpóreo”), o epistemológicas (“solo lo corpóreo es cognoscible o perceptible”), sino estrictamente gnoseológica: si las operaciones son físicas, esto es, materiales, una ciencia solo podrá ser operatoria cuando tenga ante sí un sector fisicalista, es decir, cuando trabaje con materiales específicos de su campo categorial.



2. Fenómenos

A su vez, se hablará de Fenómenos literarios para designar aquellos rasgos distintivos que son característicos de cada material literario particular o específicos de cada obra literaria concreta, como por ejemplo la Mancha de don Quijote, el castillo de Kafka, el limbo o el Paradiso dantescos, la Troya homérica, la Numancia cervantina, la corte del rey Segismundo o del príncipe Hamlet, la psicología del doctor Fausto o la vida sexual de Julien Sorel. Esta fenomenología puede proyectarse sobre materialidades primogenéricas, como la estructura misma de una obra de teatro o de una octava real. Lo fenoménico designará aquí a todo un conjunto de representaciones subjetivas o apariciones diversas ―diversas por la diversidad de sujetos que reaccionarán subjetivamente ante tales fenómenos― procedentes de un mismo objeto o referente físicamente dado. 

La lectura del Quijote provocará tantas experiencias fenomenológicas distintas cuantos lectores distintos se acerquen a este libro. La misma obra provocará diferentes experiencias sensibles o fenomenológicas, que resultarán interpretables en términos inteligibles o esenciales, según los procedimientos dados en el tercero de los sectores del eje semántico del espacio gnoseológico, el eje de las esencias o estructuras.



3. Esencias o estructuras

Así, en tercer lugar, dentro del eje semántico, denominaremos Esencias a aquellas estructuras literarias que son necesariamente esenciales en la constitución y caracterización de determinados materiales literarios, y que hacen posible su inteligibilidad científica y crítica, bien como conceptos categoriales o científicos (Teoría de la Literatura), bien como ideas filosóficas (Crítica de la Literatura). Es el caso, por ejemplo, de personajes, funciones, tiempos y espacios, en la constitución de la novela como género literario. Lo mismo podríamos decir de los catorce versos endecasílabos esenciales en la constitución de un soneto aurisecular. 

También las Ideas objetivas que representan y ejercen los personajes serían esencias, pues hemos desbordado entonces al personaje como fenómeno para referimos ahora a él a partir de los componentes que lo constituyen e identifican de forma distintiva: la locura que en don Quijote implica una crítica de la razón teológica, la picaresca que en el Lazarillo pone en tela de juicio la organización del Estado español aurisecular, la cólera que en Aquiles hace cambiar el curso de la guerra de Troya, la burla que en don Juan compromete por entero la libertad humana y desafía las leyes de la metafísica cristiana... Y lo mismo podríamos decir respecto a cuestiones formales de la literatura, que en la dialéctica de dos horizontes de expectativas pueden resultar profundamente transformados: los libros de caballerías ridiculizados en el Quijote, los autos sacramentales prohibidos por la política de la Ilustración española, la secularización que lleva a cabo Cervantes frente a la tragedia antigua al componer una obra como La Numancia, la demolición del realismo social que provoca Luis Martín Santos al escribir en 1962 su Tiempo de silencio e implantar en la narrativa española el denominado “realismo crítico”. 

Las esencias literarias se comportan como estructuras, indudablemente materiales, en las que confluyen y actúan diversos cursos operatorios, ejecutados por diferentes sujetos, en tanto que autores, lectores, críticos... Las esencias constituyen la unidad dialéctica de los fenómenos a través de sus referencias fisicalistas. De este modo, las Esencias literarias son independientes de los sujetos que las manipulan (plano fenomenológico), a la vez que permiten reconstruir los objetos o referentes (plano fisicalista), confiriéndoles el sentido de identidades materiales sintéticas (Bueno, 1992) a través, como he indicado, de distintos cursos operatorios llevados a cabo por los sujetos autoriales, receptores y transductores o críticos.





Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La Literatura en el eje semántico del Espacio Gnoseológico», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 5.2.3.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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