I, 5.2.3.3 - La Literatura en el eje pragmático del Espacio Gnoseológico


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





La Literatura en el eje pragmático del Espacio Gnoseológico

Referencia I, 5.2.3.3




CC-BY - Esparta - Seguimiento - 2.0 Generic (CC BY-SA 2.0)
El eje pragmático del espacio gnoseológico permite organizar los materiales literarios en tres sectores fundamentales: Autologismos, Dialogismos y Normas.



1. Autologismos

Los Autologismos designan aquí las operaciones del sujeto gnoseológico individual, operaciones que son necesarias e imprescindibles para leer una obra literaria o ver una obra de teatro, es decir, para proceder a la interpretación de los materiales literarios. Los autologismos implican no solo las Ideas del sujeto, sino también los procesos psicológicos que intervienen en todos los procesos operatorios. Como sujeto operatorio que es, el ser humano se comporta como un sujeto gnoseológico, es decir, como un sujeto dotado de capacidad interpretativa. Y puede hacerlo como sujeto autológico, es decir, como sujeto que tiene que identificar observaciones y experiencias actuales con obras pretéritas, así como desarrollar planes, proyectos, programas y fines prolépticos.



2. Dialogismos

Por su parte, son Dialogismos aquellas operaciones cognoscitivas llevadas a cabo por sujetos gnoseológicos numéricamente diferentes. Los dialogismos exigen la existencia de una comunidad científica (de un gremio, o incluso de un lobby), en el seno de la cual se expresan, comparten, difunden y critican los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por los distintos sujetos operatorios y gnoseológicos. Los dialogismos implican la existencia de otras interpretaciones realizadas sobre los mismos materiales literarios, interpretaciones que siempre hay que tener en cuenta, para criticarlas, verificarlas, reiterarlas, perfeccionarlas... Como sujeto dialógico, el sujeto gnoseológico forma parte de una comunidad de individuos, científicos, investigadores, colegas, etc., con los que interactúa. De este modo, el eje pragmático da cuenta de la comunicación de los sujetos gnoseológicos en el contexto de la actividad científica. Los procesos de transmisión del saber y de la educación científica institucional son aquí decisivos. Sin una estructura educativa sistemática destinada a la organización y transmisión del saber literario, la Literatura dejaría de existir en tanto que material literario perceptible como tal. Por esta razón, la Academia, como institución científica y crítica, debe enfrentarse a Babel, como lugar de inconsistencia, cofusión e ignorancia, en la lucha por la investigación rigurosa de los materiales literarios (Maestro, 2006).



3. Normas

Las Normas constituyen el tercer y último sector del eje pragmático del espacio gnoseológico, en el que se sitúan y organizan los materiales literarios. Las ciencias están constituidas por su dimensión histórica, social, institucional, organizativa. Las ciencias son resultado de actividades humanas colectivas, dotadas de reglas operativas y normas de comportamiento. Los individuos que las practican son múltiples, están en contacto y en comunicación entre sí merced a un código normativo y pautado que hace posible el avance del conocimiento científico. Las normas permiten regular de forma lógica la actividad de la crítica y de la interpretación. La preceptiva literaria, la poética, los sistemas de interpretación, el canon literario, etc., han sido y son algunas de estas normas, pautas imperativas de carácter lógico y material que, debiendo estar basadas en criterios científicos (no ideológicos, ni acríticos, ni psicologistas, ni retóricos, ni morales, ni doxográficos), determinan y canalizan, en el proceso de la construcción científica, los autologismos y dialogismos. Las normas se imponen gnoseológicamente sobre la voluntad individualista del yo (autologismo) y sobre la volición gregaria del nosotros (dialogismo).




El espacio gnoseológico no es, pues, un espacio epistemológico. La gnoseología trabaja con materias y formas, como conceptos conjugados o entrelazados, no dialécticos o antitéticos, mientras que la epistemología enfrenta dialécticamente ―a veces incluso solo dialógicamente― al sujeto con el objeto, de tal modo que esta relación acaba por disolver de forma subjetiva e idealista, en la conciencia del sujeto cognoscente, un objeto que ha de interpretarse en términos científicos, y que sin embargo resulta interpretado en términos subjetivos e idealistas. Como consecuencia de esta disolución ideal del objeto en el sujeto, toda objetividad resulta anulada, adulterada, fraudulenta. El Materialismo Filosófico rechaza la interpretación epistemológica de la literatura, de génesis aristotélica y heredada desde la Poética, que resulta radicalizada por la epistemología kantiana del idealismo romántico alemán, y la reemplaza por la interpretación gnoseológica, de corte materialista, expuesta en la Teoría del Cierre Categorial de Gustavo Bueno (1992)[1]. Ya he insistido en otro lugar en que ni Aristóteles ni Kant son nuestros colegas (Maestro, 2006, 2006a).
La gnoseología excluye o segrega en la medida de lo posible al sujeto cognoscente del proceso mismo del conocimiento, desde el momento en que sitúa la interpretación en la conjugación de Materia y Forma literarias, y no en el espacio epistemológico de un sujeto que impregna o eclipsa con su subjetividad las posibilidades de conocimiento científico de los objetos literarios. Un endecasílabo es un verso de once sílabas métricas, al margen de que su autor sea Quevedo, Hölderlin o Neruda, y muy al margen de que sus lectores o intérpretes sean de izquierdas o de derechas, banqueros o truhanes, curas o terroristas, etíopes o esquimales[2]





Notas

[1] Como advierte Bueno (1992), la perspectiva epistemológica hace referencia principal al eje pragmático, especialmente a su momento normativo, que afecta al sujeto cognoscente (del cual es un caso particular el sujeto gnoseológico). Las cuestiones epistemológicas giran en torno a los procesos que determinan normativamente la actitud del sujeto cognoscente (estados de duda o certeza). La perspectiva gnoseológica hace referencia al eje semántico, y en especial a su momento ontológico. Las cuestiones gnoseológicas giran en torno a los procesos que determinan la “identidad sintética” de unas partes objetivas del campo respecto a otras. Entre los criterios que permiten distinguir el espacio gnoseológico del espacio epistemológico figuran los tres ejes siguientes, de carácter semiológico, de la gnoseología general analítica del cierre categorial: a) eje sintáctico, que considera los signos desde el punto de vista de su relación con sujetos y objetos (consta de tres sectores: Términos, Relaciones y Operaciones); b) eje semántico, que considera a los objetos desde el punto de vista de su relación a través de los signos (sus tres sectores son: Referentes o Referenciales, Fenómenos y Esencias); c) eje pragmático, que considera los sujetos en la medida en que se relacionan a través de signos (sus tres sectores son: Autologismos, Dialogismos y Normas).

[2] Así, por ejemplo, los intentos posmodernos y gremiales por cambiar el nombre de las cosas no añaden nada a las ciencias, sino que caracterizan epistemológicamente —y también ideológicamente— a los sujetos que esgrimen tales cambios. Por ejemplo, en inglés, la History sigue designando el mismo referente que en español conocemos con el hombre de Historia, muy al margen de la denominación que el gremio feminista le asigna al usar la palabra Hertory, cuyo contenido material es Ø, porque su forma solo es significante en la medida en que identifica a sus artífices como feministas. Lo Hertory no existe, salvo formalmente, para identificar como feministas a sus usuarios. Es pura retórica. La retórica de un conjunto vacío. Lo mismo sucede en español al utilizar la arroba @ como morfema de género. Es un signo que solo puede designar lo hermafrodita singular, es decir, una realidad materialmente inexistente en el género humano, y solo posible en algunas especies zoológicas, como los caracoles, por ejemplo, u otras especies de moluscos, que en un mismo cuerpo atesoran activamente órganos sexuales masculinos y femeninos. Los ejemplos se multiplican casi a diario: las feministas hablan de feminario, en lugar de seminario. Término poco original para designar la reclusión o clausura espacial de las mujeres, impuesta ahora específicamente por las mujeres feministas. Los griegos ya lo denominaron gineceo.




Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «La Literatura en el eje pragmático del Espacio Gnoseológico», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 5.2.3.3), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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