I, 5.5.2 - Crítica epistemológica de la Teoría de la Literatura


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices







Crítica epistemológica de la Teoría de la Literatura

Referencia I, 5.5.2


El arte de la interpretación está perdido si uno cree poder dejar de lado las claras palabras del texto en nombre de una intelección poética superior.
Erich Auerbach (1929/2008: 185).


(CC BY 2.0)  acmoraes - Sin título
Como señala Gustavo Bueno (1971/1987: 121), “resulta siempre sorprendente la pluralidad de escuelas en disciplinas que —como la Psicología, la Sociología o la Etnología o «Antropología»— pretenden ser científicas. ¿Cómo una ciencia puede estar «rota» en escuelas, hasta el punto de ser frecuente, en las exposiciones académicas sobre un tema dado, referirse a «lo que dice cada una de las escuelas sobre el asunto», como si resultase ingenuo ofrecer «lo que dice la ciencia», en su estado actual? ¿No es esto escandaloso para una ciencia positiva?”

Es, sin duda, escandaloso. Desde la gnoseología constructivista será posible, sin embargo, ofrecer una crítica contra la concepción epistemológica de las principales, o más representativas, teorías de la literatura. 

El análisis gnoseológico permite reinterpretar las diferentes escuelas teórico-literarias no como simples episodios de una Historia de la Poética, sino como un sistema de teorías disyuntivas y deficientes, que se excluyen, se confunden y se parchean —por no decir que se remiendan— unas a otras. 

En consecuencia, se tratará de demostrar que existe una estructura lógica y dialéctica que permite interpretar y codificar las oposiciones que configuran el funcionamiento de cada una de estas escuelas teórico-literarias.

Desde una perspectiva crítica dada epistemológicamente, las teorías literarias se han desarrollado a lo largo de historia tomando como referencia exclusiva y excluyente uno de los términos o materiales literarios fundamentales del campo categorial de la literatura, esto es, el autor, la obra literaria, el lector o el crítico o transductor.


          1. Poética mimética, aristotélica y clasicista
             (la mímesis o imitación de la realidad como principio generador del arte):

                       - Teoría literaria aristotélica y preceptiva clásica.


          2. Poéticas del autor (el yo como hecho histórico y como hecho de conciencia):

                      - Positivismo histórico decimonónico.
                      - Psicocrítica, Mitocrítica y Poética de lo imaginario.

          3. Poéticas formales (la obra literaria como forma literaria):

                    - Escuela Morfológica Alemana.
                    - Formalismo Ruso.
                    - New Criticism.
                    - Estilística.
                    - Estructuralismo.

          4. Poéticas de la recepción (el lector como creador de la literatura):

                    - Sociocrítica.
                    - Pragmática.
                    - Semiología.

          5. Poéticas de la transducción e intermediación (el intérprete como teólogo de la literatura):

                    - Posestructuralismos.
                    - Ciencia empírica de la literatura.
                    - Teoría de los polisistemas.
                    - Ideologías posmodernas (neohistoricismos, feminismos, culturalismos...)


Históricamente ha sido posible identificar, desde criterios epistemológicos, que no gnoseológicos, una serie de paradigmas en el desarrollo de la teoría literaria, en los que se observa un desplazamiento que va del emisor al receptor, alcanzando incluso, en nuestra época, a los mediadores, post-procesadores o transductores del fenómeno literario (Dolezel, 1986; Schmidt, 1980; Maestro, 1994). 

El primero de estos paradigmas es de base aristotélica, y los restantes derivan de los presupuestos de la epistemología kantiana. 

En primer lugar, se encuentra la teoría aristotélica (poética mimética), que perdura hasta finales del siglo XVIII, y se fundamenta en el concepto de imitación como principio generador del arte. 

En segundo lugar, se produce el nacimiento, a partir del idealismo alemán, de una poética cuyos fundamentos epistemológicos llevan al ser humano a concebir el arte como un proceso de creación, a partir de los modelos de la realidad asimilados por el pensamiento subjetivo, y que sustituyen el principio de imitación o mímesis aristotélica; este modelo de interpretación literaria, apoyado en el autor y los procesos de expresión, desemboca a lo largo del siglo XIX en la historiografía positiva y el objetivismo histórico, frente al que surgen, en tercer lugar, las corrientes de la denominada poética formal, centradas en el análisis de los procedimientos textuales (mensaje), y a las que sucederán, desde mediados del siglo XX, las teorías sobre la poética de la recepción, que centran su objetivo principal en los análisis de lectura y la historia de los procesos de recepción (lector). 

Con estas últimas tendencias entronca el extraordinario desarrollo alcanzado por la pragmática de la literatura a lo largo de los últimos años, que se ha diseminado con pretensiones de totalidad, y que finalmente ha degenerado a través de los más variopintos posestructuralismos en pseudoteorías literarias posmodernas.



1. La poética mimética

La poética mimética, desarrollada por Aristóteles y buena parte de sus comentaristas, dominante en los períodos clasicistas de la historia literaria, prevalece vigente hasta fines del siglo XVIII. La poética mimética nace con el pensamiento aristotélico, y se fundamenta sobre el postulado del proceso de imitación (mímesis) como principio generador del arte; prevalece de forma más o menos latente a lo largo de las Edades Antigua y Media, y es objeto de profundas sistematizaciones a lo largo de la Edad Moderna, especialmente desde la obra de los tratadistas del Renacimiento italiano, quienes a través de sus comentarios a la Poética consolidan los presupuestos metodológicos y epistemológicos de la teoría de la mímesis, como principio explicativo del arte, entendido como imitación de la naturaleza, que no como construcción de sentidos a través de formas sensibles. La poética mimética ha contribuido de forma muy especial a la configuración de determinadas condiciones que han hecho posible el desarrollo de la ciencia de la literatura tal como la conocemos en nuestros días.



2. Las poéticas en torno al autor

Las poéticas en torno al autor, orientadas hacia la expresividad de la obra literaria considerada con frecuencia desde la vivencia del emisor, desembocan en las corrientes positivistas del objetivismo histórico de fines del siglo XIX. El modelo racionalista que, partiendo de los hechos particulares, conseguía enunciados universales mediante una operación de la mente, la abstracción, se sustituye por un modelo analítico que trata de encontrar lo general en la morfología de cada una de las obras, considerando sus formas y las funciones que desempeñan en el conjunto siempre estructurado de cada obra. Las poéticas de autor encuentran su nacimiento y justificación en la filosofía alemana de fines del siglo XVIII, y adquieren su principal desarrollo a lo largo del XIX. 

El pensamiento del idealismo alemán, especialmente la obra de Kant (1781, 1790, 1797) y Fichte (1794), representa el nacimiento y desarrollo de una nueva concepción de la poética, que desplaza los presupuestos de la teoría aristotélica de la imitación, y encuentra en la ideología estética del Romanticismo europeo su manifestación más importante. Los nuevos fundamentos epistemológicos, apoyados en las facultades del sujeto y las posibilidades de su pensamiento idealista, disponen la concepción de la obra literaria como un proceso de creación de sentidos, por parte de su autor, a través de formas sensibles. En consecuencia, la labor literaria se concibe como una labor de creación ―creación humana libre―, en la que intervienen factores psicológicos e individuales, y no como una copia elaborada mecánicamente (mímesis) a partir de un modelo natural, al que se le confiere una existencia ontológica fuera del pensamiento humano (descriptivismo). Las teorías literarias que se centran en el autor como referencia interpretativa más segura de la literatura naufragan en la falacia descriptivista.



3. Las poéticas morfológicas y funcionales

Las poéticas morfológicas y funcionales (mensaje) se articulan en torno a la obra en sí y a los procedimientos de construcción textual (inmanencia); desarrolladas desde los comienzos del siglo XX europeo como reacción a las corrientes del positivismo histórico, pretenden la objetividad y la comprensión del significado literario en sus límites textuales, atendiendo a las formas (teorías formales o morfológicas) y a las funciones (funcionalismo). 

La poéticas formales se interesan por las formas, determinadas por su valor funcional en el texto, y reconocidas a partir de las diferentes variantes literarias; como se ha señalado con anterioridad, este es un método que pretende objetividad en sus logros, y deriva hacia rasgos y propiedades identificables en el discurso, en una amalgama de positivismo e idealismo, de descriptivisto y teoreticismo. 

Las ideas estéticas del idealismo contemporáneo, que se apartan del presupuesto de la identidad entre Belleza, Bondad, Unidad, o Verdad (Tatarkiewicz, 1970), en las que se fundamentaba la poética mimética, se centran en el yo como creador y en la obra como proceso de creación. Como se ha explicado, las poéticas formales se precipitan en la falacia teoreticista.



4. Las poéticas de la recepción

Las poéticas de la recepción están orientadas hacia el lector y las posibilidades de interpretación de la obra literaria. Alcanzan su sistematización desde el último cuarto del siglo XX, y encuentran amplias posibilidades de manifestación y desarrollo en el ámbito de la pragmática literaria, al que ofrecen aportaciones esenciales, al considerar la obra de arte verbal como una realidad formalmente estable y semánticamente abierta. 

Desde una perspectiva lingüística y semiótica, la teoría de la recepción pretende un análisis formal que revele la potencia semántica de un texto artístico, es decir, los sentidos que la estructura de un discurso literario permite o autoriza desde el punto de vista de la competencia de sus lectores. Se trata, en suma, de establecer los límites de la entropía o potencia semántica de un texto, con objeto de evitar lecturas impresionistas, metafísicas, ideológicas, etc., que no resulten contrastables científicamente. 

El acto de recepción de la obra literaria constituye una operación de interpretación experimental, que responde a determinados mecanismos psicológicos, sociales, fenomenológicos, estructuralistas, históricos, etc., que conviene determinar exhaustivamente, y que con frecuencia adquieren expresión formal a través de las sucesivas manifestaciones que experimenta el texto literario en su acontecer histórico, una vez que ha salido de manos de su autor y es depositario de múltiples lecturas, interpretaciones y relaciones transtextuales. La poética de la recepción, como modo de conocimiento de la obra literaria, se impone desde el último cuarto del siglo XX, y desemboca en la falacia adecuacionista.



5. La poética de la transducción

Desde 1994 me refiero con esta denominación a las diferentes teorías literarias ocupadas en analizar la presencia de elementos intermediarios en el conocimiento e interpretación de las obras literarias. Es el caso de fuentes, traducciones, teorías críticas y metodológicas, ecdótica, intérpretes y actores, análisis filológicos y fijaciones textuales, y de todo tipo de ejecutantes intermedios cuya mediación determina siempre de algún modo la comprensión de aquellas realidades que pretenden comunicar.

Difícilmente ha sido posible al ser humano acceder en estado puro a una realidad que no fuera su propio pensamiento. Todo lo que hacemos significa, y todo lo que significa es objeto de mediación, bien para mejorar sus posibilidades de conocimiento y transmisión, bien para deteriorarlas o confundirlas. Las diferentes corrientes metodológicas ocupadas en el estudio de la acción de los intermediarios, en los procesos de creación y transformación del sentido que se producen en nuestra sociedad (teoría de los polisistemas, ciencia empírica de la literatura, control de los medios de opinión en sociología, etc...), encuentran un fundamento común en el análisis de las operaciones de transmisión y transformación del sentido, en que se fundamenta el proceso semiósico de transducción.

En la vida social del hombre existen numerosos intermediarios que transmiten y transforman el sentido de la realidad que comunican, con objeto de actuar sobre los receptores de sus mensajes, y ejercer de este modo sobre ellos una relación de control y dominio, desde la que es posible, en suma, organizar y manipular las formas y manifestaciones de la conducta humana, así como sus posibilidades de comprensión. En el ámbito de la Teoría de la Literatura, el estudio de los diferentes elementos que intervienen en los procesos de transmisión y transformación del sentido es de gran actualidad, y sus posibilidades de investigación y desarrollo pueden abordarse desde una poética de la transducción, con la que culmina circularmente el cierre categorial de los materiales literarios, sellando así una Ontología de la Literatura constituida por el autor, la obra literaria, el lector y el intérprete o transductor (Bueno, 1992; Maestro, 2007b).






Referencia bibliográfica de esta entrada


  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Crítica epistemológica de la Teoría de la Literatura», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 5.5.2), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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