I, 5.6.1 - Ontología de las Ciencias según la Gnoseología Materialista


Crítica de la Razón Literaria
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura

Jesús G. Maestro
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Índices





Ontología de las Ciencias según la Gnoseología Materialista

Referencia I, 5.6.1


Las ciencias marcan el mayor nivel de racionalización posible.
Gustavo Bueno, Teoría del Cierre Categorial (1992: II, 241).
                                                         

CC0 1.0
La realidad constituida por las ciencias —su ontología— es cuestión capital en la Teoría del Cierre Categorial, al igual que lo es su organización y clasificación, pues no se trata de ubicar equitativamente las ciencias en una tabla distributiva, sino de jerarquizarlas, incluso, en su capacidad y potencia de interpretación científica. La organización de las ciencias que establece la gnoseología materialista de Gustavo Bueno (1992) dispone el grado —los umbrales, si se prefiere— de cientificidad de cada ciencia, de acuerdo con una serie de coordenadas y presupuestos inherentes a las propias ciencias, a su realidad ontológica y poder constructivo. Se trata de superar de este modo clasificaciones históricas precedentes, formuladas en momentos sociales y temporales en los que las ciencias, bien se encontraban aún en un grado de desarrollo embrionario o incipiente, bien no se habían planteado todavía como tales ciencias categoriales. Téngase en cuenta, por ejemplo, la configuración escolástica entre ciencias positivas parciales, por un lado, y la filosofía, como ciencia total, por otro, clasificación de la que aún se servirá Husserl en su fenomenología a comienzos del siglo XX; decisiva en su momento fue la ordenación de Wundt entre ciencias formales (matemáticas) y ciencias reales, en la que se inspira directamente Ortega en obras como En torno a Galileo; o la clasificación propuesta por Rickert para las ciencias reales, que dirime la cuestión entre ciencias naturales y ciencias culturales, etc…[1]

Desde la gnoseología materialista, Gustavo Bueno propone una Teoría de la Ciencia, la Teoría del Cierre Categorial, que, antes que clasificar las ciencias, lo que ofrece es una auténtica organización de las ciencias y de sus posibilidades de interpretación y de construcción, y una definitiva superación de la división impuesta por el idealismo alemán entre “ciencias humanas” y “ciencias naturales”. 

No hay que olvidar que para la gnoseología materialista las ciencias no son solamente una interpretación de la realidad, sino que son, ante todo, una construcción de la realidad. No son una hermenéutica —una interpretación filológica, con tintes psicologistas, de hechos previamente textualizados—, ni una epistemología —una visión subjetiva de objetos diseñados por el propio sujeto (valga la redundancia)—, sino una gnoseología —una construcción de la materia en su conjugación solidaria con la forma— fundamentada en una ontología. Para la Teoría del Cierre Categorial toda gnoseología presupone una ontología, y toda ontología es constitutiva de una gnoseología. En consecuencia, toda ciencia, todo conocimiento categorial de la realidad, es un conocimiento constituyente de la realidad y constituido desde ella. Es una incorporación del Mundo (M) a las categorías del Mundo Interpretado (Mi).

¿Cómo se organizan las ciencias según la gnoseología materialista? Vamos a explicarlo, siguiendo a Bueno (1992, 1995), a fin de justificar y acreditar el papel que en el conjunto de las categorías científicas le corresponde a la Teoría de la Literatura como ciencia categorial de la Literatura o de los materiales literarios.

La organización de las ciencias debe imponerse al relativismo hermenéutico (Gadamer), a la tropología trabalingüística (Derrida), a la anarquía metodológica (Feyerabend), al idealismo filológico de encaje posmoderno (de Vattimo a Lledó), y a todo tipo de trucos epistemológicos y mitos retóricos muy al uso de la sofística contemporánea: el Ser, el Lenguaje, el Pueblo, la Identidad, el Espíritu, el Polisistema, la Mujer, la Otredad, lo Transnacional, etc., etc., etc... Y debe imponerse también al triunfo acrítico de las ideologías nominalistas que, desde la ignorancia gregaria de los grupos sociales que las enarbolan, pretenden hacer de los prejuicios gremiales una suerte de “ciencias humanas políticamente correctas”. 

La clasificación de las ciencias es una cuestión capital para la Teoría del Cierre Categorial, determinada sin duda por la misma idea de ciencia que desarrolla el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento. La organización de las ciencias conlleva sin duda un significado profundamente crítico, en la medida en que múltiples formas de conocimiento resultarán identificadas como pseudociencias, protociencias, paraciencias, ciencias de ficción o incluso mitologías, pero no como construcciones realmente —esto es, operatoriamente— científicas.

En consecuencia, la clasificación de las ciencias contiene siempre componentes críticos, debido a la necesidad de discriminar e identificar la posición de cada una de las ciencias, respecto a sus propios cambios gnoseológicos y frente a los campos (físicos, geométricos, estéticos, musicales, literarios, informáticos, jurídicos, históricos, antropológicos...) de otras ciencias con las que cada una de ellas entra en interacción. En la cuestión de la clasificación de las ciencias interviene toda una concepción del saber relativa a las relaciones entre el conocimiento científico y el conocimiento no científico, así como a las relaciones dialécticas dadas mutuamente entre las diferentes ciencias[2].

En la Edad Antigua, la gran novedad gnoseológica habría estado representada —según postula Bueno (1992: I, 187 ss)— por el desarrollo de la Geometría euclidiana, nueva ciencia que domina el campo de todos los sabes científicos, al ofrecer un sistema de normas críticas inmanente a todos ellos. Durante la Edad Media la Teología actúa como una auténtica “ciencia”, desde la confesionalización del cuerpo fundamental de la Filosofía clásica, sobre las demás “ciencias” u operaciones precientíficas llevadas a cabo por los pensadores del momento, como una suerte de protociencia controladora de la totalidad de las actividades humanas. 

En nuestro tiempo, sin embargo, sucede más bien al contrario: los saberes científicos y racionalistas sufren el ataque de los saberes gremiales, ideológicos e irracionalistas de grupos sociales que, autoofuscados por pretensiones de salvación humana universal y en nombre de supuestos valores (paz, igualdad, sexismo, nacionalismo, indigenismo, etc...), se revelan en contra de las ciencias efectivamente existentes, sobre todo en el ámbito de las Letras y de las denominadas “ciencias humanas”, cuyos procedimientos gnoseológicos en muchos casos ignoran por completo, dada su deficiente o nula formación en los respectivos campos categoriales, a propósito de los cuales se presentan, curiosamente, como especialistas de reconocido prestigio (en los límites de su gremio, naturalmente). Nada más gregario, pues, que el prestigio. 

Basta recordar las polémicas de Alan Sokal contra el uso acientífico y fraudulento de conceptos categoriales, en el que incurren incontables escritores posmodernos, para constatar esta realidad. El ridículo manifiesto al que quedaron reducidos comités científicos de revistas como Social Text[3] no ha impedido que publicaciones periódicas y comités de ese tipo, sobre todo en el ámbito de las “ciencias humanas”, se hayan multiplicado de forma tan acrítica como exponencial en las últimas décadas. Y, sea dicho con toda franqueza, en la mayoría de los casos de forma completamente inútil al conocimiento científico de la Literatura.






Notas

[1] En relación con las ideas de Ortega sobre las ciencias y sus posibles clasificaciones, que tanta influencia han tenido en la filosofía hecha en España desde el franquismo hasta bien entrado el siglo XXI, me permito citar las siguientes palabras de Bueno: “Es importante subrayar que si Ortega no desarrolló más estas distinciones no es porque otras ocupaciones le hubieran apartado del asunto. Es porque su idea de la ciencia no daba para más. Por ello las distinciones que él utiliza han de verse más bien como empíricas; su eclecticismo no garantiza que su «sistema» pudiera asumir los fundamentos que de cada una de tales clasificaciones propusieran respectivamente Wundt, o Rickert o Husserl [...]. Tampoco, por la misma razón, ha podido Ortega cultivar la teoría especial de las ciencias, ensayando algún análisis gnoseológico interno de alguna ciencia particular, como la Geometría, la Mecánica o la Biología molecular. Ortega, con su idea cogenérica de ciencia, estaba en realidad «desarmado» para cualquier tipo de tareas semejantes. Los esbozos de análisis gnoseológicos de Euclides, Descartes o Leibniz, que aparecen en La Idea de Principio en Leibniz, se mantienen a la escala de los manuales de Historia de las Matemáticas o de la Física, y sus análisis no contienen absolutamente nada de interés” (Bueno, 2001b: 28).

[2] Sobre esta cuestión, vid. Bueno (1992: I, 187). Y sobre la dialéctica de las ciencias, vid. especialmente págs. 215-228.

[3] Como todo el mundo sabe a estas alturas, Alan Sokal (1997, 2008), simulando un lenguaje incomprensible, deconstructivista y abstruso, sostenía en su célebre artículo de 1996, titulado “Transgressing the Boundaries. Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity”, que los sectores más avanzados de la física actual confirmaban las tesis filosóficas de Derrida. Meses después, en 1997, el propio Sokal explicó detalladamente en otra publicación que los contenidos de ese artículo, publicados en Social Text, habían sido una burla intencionada para demostrar la falta de rigor de quienes —como Derrida y otros posmodernos— se servían de términos científicos de forma ignorante y sofista. El episodio provocó un escándalo que, pese a su impacto académico, no puso coto a los excesos de la posmodernidad ni a la farsa de los comités científicos. Como él mismo explicó en su momento, era una parodia de los disparates que la “filosofía” posmoderna estaba desplegando —y sigue desplegando— sobre las denominadas ciencias humanas y ciencias naturales. Insisto en que un hecho como este debería haber desacreditado para siempre al mundo académico que se inspira en tales procedimientos de selección y evaluación investigadora.




Referencia bibliográfica de esta entrada

  • MAESTRO, Jesús G. (2004-2015), «Ontología de las Ciencias según la Gnoseología Materialista», Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 5.6.1), edición digital en <http://goo.gl/CrWWpK> (01.12.2015).


Bibliografía completa de la Crítica de la Razón Literaria





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